La frontera negra

La frontera negraSilvestre Vilaplana
Traducción de Broseta Fandos
Valencia: Algar, 2012

Leo poca literatura de terror, no es un género que me atraiga y además puedo decir que en algunas ocasiones me he sentido decepcionado por novelas que prometían mucho y cumplían poco. Si me arriesgué con La frontera negra fue, sencillamente, porque me atrajo el texto de la contraportada, ni más ni menos; era un riesgo asumible que podía amortizar en la página 20 si el interior no respondía a mis expectativas, pero mira por dónde, en esta ocasión al arrojar la moneda ha salido cara, cara de la buena.

El principio es, como poco, inquietante: inmediatamente después de dar sepultura a su hijo, una madre escucha con claridad golpes que provienen del interior del ataúd, que en buena lógica debiera permanecer en eterno silencio; mientras tanto, un espiritista de pega conoce de primera mano lo que es el más allá cuando el tablero de ouija que maneja cobra vida propia y le envía un inquietante mensaje a la par que tiene la ocasión de entrever por una pequeña rendija una visión que le hace saber sin opción para la duda que el infierno sí existe. Paralelamente, dos hombres aparecen en un lugar recóndito del planeta con una misión muy clara: dar caza a una de las “puertas de entrada” del infierno en la tierra.

Estos tres argumentos, que por sí mismos no suponen una novedad dentro del género, están oportunamente retorcidos y entrelazados por Silvestre Vilaplana con la habilidad suficiente como para conducir la historia y, por extensión, al lector, por derroteros que van más allá de lo racional, y es que ya lo dijo Baudelaire: “La más bella astucia del diablo es convencernos de que no existe”.

1 comentario en “La frontera negra

  1. wadie
    14/04/2015 a las 08:24

    es bonito este libro pero me ha costado entenderlo si hicieran una pelicula de el seria mejor

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