La fábrica de vinagre (Tres tomos de enseñanza moral)

Estuche con Los pequeños macabros, El dios de los insectos y El ala oeste
Edward Gorey
Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2010

Si hace unos meses, cuando hablábamos de los dos primeros álbumes de Gorey que publicaba Libros del Zorro Rojo, nos preguntábamos por qué habían elegido esos (La bicicleta epiléptica y La niña desdichada) y no otros, aquí tenemos la respuesta a nuestras plegarias.

En este estuche encontramos tres nuevos álbumes, para regocijo y sorpresa de los adictos a Gorey: Los pequeños macabros, El dios de los insectos y El ala oeste. Según nos cuenta el traductor de esta edición, Marcial Souto, “En 1963, a los diez años de haber iniciado su carrera de escritor y dibujante, Gorey publicó un tríptico memorable con el irónico título colectivo La fábrica de vinagre: Tres tomos de enseñanza moral (…) La presente edición recupera el espíritu y el estilo original de aquella obra triple, publicada en Nueva York por Simon and Schuster hace casi medio siglo”.

Quizá de estos tres títulos el más conocido sea Los pequeños macabros (The Gashlycrumb Tinies), un siniestro abecedario que, desde Amy a Zillah, nos muestra los tremendos finales que acabaron con la vida de veintiséis niños. Imprudencias, tristezas, humor negro, fatalidad… Un álbum no apto para lectores demasiado sensibles (en el mal sentido de la palabra), o carentes de humor negro, muy negro: “La E es de Ernest, que se atragantó con un melocotón”, “La N es de Neville, que murió de hastío”, “La Z es de Zillah, que abusó de la ginebra”…

El ala oeste es un inquietante álbum sin texto, en el que asistimos al recorrido por una casa llena de presencias fantasmales, rincones terroríficos y detalles que, sin saber por qué, nos ponen los pelos de punta. El dios de los insectos, por su parte, responde de nuevo a otra de las inquietudes de Gorey (“En mi obra uso mucho a los niños, porque son tan vulnerables…”), pues narra el rapto de una niña por parte de una peculiar secta que ofrecerá a su víctima al dios de los insectos. Contiene joyas como esta: “Los Frastley estaban paralizados por el temor que el té cargado no hacía más que aumentar; aunque les parecía poco elegante hablar de la pérdida de su hija, llamaron a la policía”.

Los tres libros vienen acompañados por un folleto de ocho páginas en blanco y negro que contiene una biografía del autor, un par de textos sobre sus influencias pictóricas y la casa museo (Gorey House), algunas citas de prensa y de autores como Max Ernst o Herman Hesse, y un recopilatorio de frases (Gorey dixit) como esta: “Yo era el tipo de niño al que le parece divertido simular un ataque epiléptico en el autobús”.

En definitiva, una obra que todo amante de Gorey debe tener en su biblioteca, y a la quienes no conozcan a este autor deben acercarse con la mente abierta, sin escandalizarse por las geniales ocurrencias de un autor que a los cinco años leyó Drácula. Y a los siete, Frankenstein.

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