La bicicleta de Sumji

Amos Oz
Ilustraciones de Joaquín Peña
Madrid: Siruela, 2005

La bicicleta de Sumji es el relato de dos transformaciones que se cruzan en una única realidad, el primer amor. La primera transformación la sufre una bicicleta, la segunda Sumji.

Así, la bicicleta se convertirá en un tren incompleto de juguete, en un perro, en un sacapuntas y, finalmente, en lo más deseado para Sumji: en el amor de Esti. Sumji, a su vez, se convertirá de gracioso de clase a nativo de sus sueños, es decir, el novio de Esti. Aquí confluyen las transformaciones, aquí acaba el relato.

Pero las transformaciones no son fruto de magos ni hechiceros, son fruto de la malicia y la traición, aunque finalmente acaben dando un resultado propiamente bello. Sumji es estafado por su amigo para conseguir la bicicleta. El matón del barrio le obliga a aceptar un trueque trucado, la testarudez de Sumji le lleva hasta el sacapuntas y la mentira hasta su futura exnovia, tal y como aclara el propio Sumji al finalizar el relato.

No, no es importante el final, no es una novela de la que tengamos que omitir como acaba para poder leerla. Porque nunca acaba. Podría durar siempre, como las cosas, que siempre están cambiando. Lo importante de este libro es la maestría de Amos Oz, de su capacidad para pincelar, para darnos, como decía Borges de Chesterton, una alegría en cada página. No se trata, ni siquiera, como explica el extraño resumen de contraportada, de la imaginación de Sumji. Sus planteamientos de viajes al Himalaya y a las tierras extrañas de una África inventada, están situados dentro del relato como un respiro que permite al autor salir de una tierra en conflicto. 1947. Israel, Palestina, los ingleses que aún no han abandonado a su suerte las profecías bíblicas… Sí, en el Israel de Amos Oz se percibe el conflicto, subyace la tragedia y Sumji está sumergido en ella, pero no se puede vivir en un telediario, así que respira en las tierras inventadas, esas que sólo coinciden con los mapamundi en el nombre, nunca en la descripción.

En definitiva, lean este libro, sufrirán una transformación, seguro.

Sería injusto acabar sin hacer referencia a las ilustraciones de Joaquín Peña Toro, que funcionan a modo de resumen visual del capítulo. Creativo y plástico, Joaquín Peña engrasa la bicicleta para que no chirríe, para que nos deje disfrutar de las transformaciones de los paisajes que a Amos Oz le pasan por la cabeza y escribe desde la infancia en una tierra donde no es fácil haberse sentido niño.

3 comentarios en “La bicicleta de Sumji

  1. Kei
    14/03/2013 a las 05:09

    Me acaba de servir para darme mi idea de mi sinopsis. Eres grande!

  2. Rojo
    08/09/2009 a las 18:06

    IIIIDOOLOOOOOOOO MUCHAS GRACIAS , Mañana tengo prueba de esto y no lo he leido ajaja !!

  3. r
    04/12/2008 a las 08:08

    es un libro fantatico y esta guapisimo

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