Hasta (casi) 100 bichos

Hasta (casi) 100 bichosDaniel Nesquens
Ilustraciones de Elisa Arguilé
Anaya, Col. Leer y Pensar, 2001

Nesquens conoce el género y nos ofrece un bestiario ordenado alfabéticamente aparentemente modélico, es decir, siguiendo las pautas que la tradición literaria ha modelado a través de las diferentes propuestas que a lo largo de la historia los niños (y seguro que mayores) han ido leyendo. Pero en un momento determinado, tal vez entre el momento en que idea la obra o en el que recuerda el género o en el que se pone manos a la tecla o…, da igual en qué momento, porque tal vez fue en el momento en que nació, cuando la matrona cambió aquella pieza de su cabeza que corresponde a la tradición y la rehizo por otra con diseño personal.

Porque eso es lo interesante. Siempre he creído que hay que conocer la norma para poder romperla y cuando mejor la conoces más sutil es la manera de romperla. Eso dicen los deconstruccionistas y eso hace Nesquens. Conoce el género y sus normas y las rompe o juega con ellas o las lleva al infinito.

¿Qué hacen de esta obra un placer altamente recomendable? Los juegos de palabras («El mapache no tiene nada que ver con el sioux, ni con el cheyene, ni con el navajo. Tal vez, algo, pero muy poco, cogido por el cuero cabelludo, con los pies negros»), la deconstrucción de definiciones («Esta claro que el Nueve es un número. Un adjetivo-nombre numeral que designa siempre, aproximadamente diez cosas»), las asociaciones de ideas que creía imposibles («La Nutria es un animal carnívoro que habita preferentemente en las aguas dulces. Ya sean de río, de pantano, de marisma, de laguna, de botella. Cosa que le viene de perlas para cuando tiene sed.»), la mezcla de referencias tanto literarias como geográficas o cinematográficas («La versión cinematográfica del murciélago es el Vampiro»), la mezcla imposible de lenguaje técnico y sabiduría popular («Este quiróptero caza emitiendo un sonido muy agudo que nosotros no podemos oír, ni siquiera poniendo la oreja encima de las vía del tren.») y sobretodo la destrucción de tópicos o los absurdos cuya documentación transforma en quasi verosímiles que transitan por todo el libro. O el humor («Esto significa que si alguna cadena de televisión consigue filmar este carnívoro vivérrido tiene la obligación de pasar las imágenes en horas de máxima audiencia. Entre las 3 y las 4 de la madrugada, y por el UHF.»), un humor inteligente, difícil de encontrar, que te sitúa la sonrisa en la boca, en el ánimo y en el cerebro.

Una lectura más que divertida que ofrece caminos diferentes y dispares: puede empezar con la abeja y acabar con el zorro. O simplemente escoge aquellos animales que más le guste, o los que odie, o los que tema, o los que quiere tener lejos, o cerca pero no puede… Cualquier itinerario será válido y gustoso.

Y la mirada se alimenta de unos dibujos impecables, divertidos pero de fino humor, la perfecta compañía del texto.

El perfecto texto para una colección que alimenta el divertimento, la inteligencia y la cultura de este país.

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