Hábitos de lectura y ocio entre los jóvenes lectores

Institutos lectores (Foto: Carmen Corsino)

Foto: Carmen Corsino

La actividad Institutos Lectores, encuadrada en el programa Biblioteca Extramuros de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, acaba de cumplir dos años de existencia y reivindica con hechos y datos un binomio fundamental, jóvenes y lectura, muchas veces denostado y prejuzgado, pero absolutamente necesario para cimentar una sociedad con futuro.

¿Leer por obligación social? ¿Para aumentar los conocimientos? ¿Para desarrollar el espíritu crítico en los alumnos de Secundaria? Por encima de todos estos ambiciosos y fastuosos objetivos, el genoma del proyecto contiene la idea que hemos tratado de compartir con los profesionales vinculados a los colegios e institutos visitados en varias provincias españolas y, especialmente, con los casi 4000 alumnos que han vivido con nosotros parte de sus horas lectivas: acercarse a la lectura siempre, y ante todo, por placer.

Para ello, intentamos encontrar los caminos con más posibilidades de éxito, si es que existen, con un hilo conductor fundamental: buenas historias en soportes atractivos protagonizadas por personajes y situaciones con los que se identifiquen fuera del ámbito escolar.

Retomamos la idea que tantas veces enunció Gabriel García Márquez: “Un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lecturas”, frase que cobra especial sentido en el trabajo con un sector de edad en el que suelen detectarse las primeras “deserciones” importantes en el hábito adquirido durante la infancia.

La dinámica utilizada es sencilla: sesiones presenciales, apoyadas por un pequeño aparataje visual, lúdicas y en donde siempre se incentiva la participación de los asistentes, diseñadas para alumnos de ESO, Bachillerato y Ciclos Formativos. En ellas se presentan tipologías de lector, para comprobar con cuál se sienten más identificados; títulos en todos los soportes sobre temas y géneros por los que los adolescentes habitualmente muestran interés; apps gratuitas, o de bajo coste, para los que se decantan por las tabletas electrónicas frente al papel; videojuegos relacionados con la literatura, webs y redes sociales vinculadas a la lectura que pueden convertirles en lectores críticos también desde un smartphone…

Además, se ofrecen charlas formativas para los profesores implicados en el proyecto, en donde se comparte una gran variedad de herramientas y recursos gratuitos para ayudarles en el trabajo diario. Es emocionante ver como los docentes, que al comienzo del curso manifiestan su vinculación a la propuesta con la firma del Compromiso Lector, dedican parte de su tiempo libre a implicarse a todos los niveles con los objetivos propuestos.

Como complemento, la Fundación envió diferentes lotes temáticos a los institutos comprometidos por un año, selecciones realizadas bajo el estándar de calidad del Canal Lector, y gestionadas por los profesores durante el curso escolar. Esta opción permite a todos los alumnos llevarse en préstamo a sus casas todo tipo de materiales relacionados con cada sesión. También se habilitó una tertulia virtual, Antes de que suene el timbre, en la red social para profesionales de la lectura Lectyo, en la que cada equipo educativo puede compartir sus dudas e intereses y entrar en contacto con los de otros institutos.

El proyecto ha llegado tanto a capitales de provincia (IES Gran Capitán y Juan de la Cierva, en Madrid; IES Arca Real y Ribera de Castilla, en Valladolid; IES Garcia Bernalt y Colegio Santísima Trinidad, en Salamanca); como al medio rural (IES Tomás y Valiente, Colegio La Encarnación e IES Germán Sánchez Ruipérez, en Peñaranda de Bracamonte –Salamanca-; IES Adaja en Arévalo –Ávila-; CRA Alto Alagón, en Linares de Riofrío, en plena sierra de Francia, e IESO Quercus, en Terradillos –Salamanca-); a instituciones públicas y privadas, a centros con más y menos recursos… Un amplio recorrido por dos comunidades autónomas que nos ha reafirmado en la idea de desechar tópicos.

Como colofón, los jóvenes participantes (casi cuatro mil), contestaron a una encuesta anónima sobre hábitos lectores cuyos resultados arrojan algunos datos sorprendentes:

¿Es la lectura una de las aficiones principales de los jóvenes?

A los doce años la proporción de respuestas positivas y negativas es muy parecida, aunque por un escaso margen vencen los que señalan que leer es una de sus actividades favoritas. El hábito aún se mantiene desde la infancia, pero empieza a crecer el número de los que abandonan esta actividad en beneficio de otro tipo de ocio.

A los trece años (2º ESO, antiguo 8º EGB para los de otras generaciones) se advierte una ruptura. Un 67% de los encuestados afirman que no es su primera opción, frente a un 33% que sigue decantándose por ella frente el resto de hobbies.

El momento más crítico llega a los catorce cuando solo un grupo minoritario, formado casi en su totalidad por chicas, apuesta decididamente por la lectura. El resultado es similar en todos los centros educativos consultados.

Los alumnos que han cumplido los quince responden de forma muy ecuánime. Hay un rechazo frontal o un gran compromiso, como demuestran algunas anotaciones manuscritas que hacen apología de la lectura como “afición vital”. El recuento señala casi el mismo número de lectores masculinos que femeninos. A partir de los dieciséis la proporción de lectores habituales disminuye al 25%, aunque la pregunta sigue motivando adhesión incondicional o rechazo radical.

Niña leyendo

¿Cuál es el soporte lector preferido por los adolescentes?

Solo un 27% de los jóvenes de doce años declara utilizar varios de forma simultánea. La gran mayoría sigue optando por el papel. A los trece la tónica es la misma, aunque aumenta el número de lectores en tablet (no así en e-reader, un soporte, en general, apenas usado).

Los alumnos de catorce años suscriben un empate. Hay tantos lectores en tablet y e-reader como en papel. Sorprende también otro dato: el grupo que menos señala la lectura como afición principal es el más consumidor de historias en tablet.

A los quince años, los encuestados pertenecientes a institutos madrileños señalan en una proporción de 3 a 1 su preferencia por la lectura en tablet (e incluso en e-reader antes que en papel). Sin embargo, en el resto de centros el formato “tradicional” sigue ganando por bastante margen a los “nuevos” soportes. Los alumnos de dieciséis muestran gran variedad de respuestas dependiendo del centro, por lo que no se puede establecer una actitud concluyente hacia ninguno de los soportes.

¿En qué lengua suelen leer?

Excepto en los centros vinculados al ámbito rural, en el resto de institutos consultados a los doce años se compagina, de forma habitual, castellano e inglés. En segundo lugar hay un grupo menos numeroso que además lee en francés (como tercer idioma). Hay casos particulares, especialmente hijos de inmigrantes, que también practican la lectura en otras lenguas como el rumano o el marroquí.

A los trece se percibe un cambio definitivo en la mayoría, los lectores bilingües superan a los que únicamente lo hacen en español. De nuevo, la excepción son los centros escolares de los pueblos. Aumenta el número de jóvenes que leen en otros idiomas menos comunes, como el ruso, holandés o chino, así como en lenguas oficiales del Estado, como el catalán.

Durante el tránsito entre los catorce y los quince, la inmensa mayoría solo lee en español. Son muy pocos los casos, especialmente chicas, en los que dicen compaginar inglés y castellano, y ejemplos puntuales de lectores en francés o valenciano.

Es a partir de los dieciséis cuando se produce un nuevo repunte. La mitad aproximadamente lee en castellano y otras lenguas, como inglés y francés. En el ámbito rural sigue predominando mayoritariamente la lectura en español. En todo caso, practicar la afición en otros idiomas demuestra que no está relacionado con que aumenten las estadísticas de lectores habituales.

Kindle

¿Cuál es el género que más demandan o por el que sienten mayor interés?

Entre los alumnos de doce años triunfa la fantasía, el terror, el cómic y la ciencia ficción. Sorprende el interés por la novela histórica. Destaca el gusto por el “amor”, género al que bautizan de esta forma, que recalcan algunas lectoras femeninas añadiendo también el apartado “románticas” a los que se ofrecían de antemano. Casi siempre las mismas que eligen a Blue Jeans o Moccia como escritores de cabecera. Sin embargo, a esta edad también aparecen lectores abiertos tanto a propuestas clásicas como a innovadores crossover.

A los trece se mantiene lo que será una constante en todos los grupos de edad y que confirma las predicciones de la YALSA (Young Adult Library Services Association): fantasía, ciencia ficción y cómic. Sigue apareciendo “el amor” como género en sí mismo (y únicamente lo señalan algunas lectoras). Se mantiene el terror, aparece la novela realista y algunos aficionados a la aventura y la historia.

En los catorce años se mantiene la fantasía, pero al mismo nivel que el cómic (siempre orientado al triángulo superhéroes-manga-Mortadelo), el terror y la novela realista. Sigue habiendo buenos porcentajes de interesados en la historia y en la aventura.

Con quince sigue el denominador común: fantasía, aventura, terror, cómic, ciencia ficción y realismo obtienen prácticamente el mismo número de votos, pero aparecen innovaciones, queremos pensar que influenciadas por el trabajo desarrollado durante las sesiones, ya que se trata de un soporte que suele impactar a los jóvenes: el álbum ilustrado.

Con dieciséis barre la fantasía, especialmente la distopía, pero también aparece una alta proporción que prefiere las historias cotidianas, ambientadas en espacios reconocibles, y por supuesto el cómic, la aventura, la novela romántica y el terror. También géneros no sugeridos en la encuesta, como la novela erótica y los libros “teóricos”; destacar también la presencia de algunos aficionados a la poesía, género que hasta esta edad no había sido señalado.

¿Qué títulos les han impactado más durante los dos últimos años?

La lista es muy amplia y variada, pero a grandes rasgos podemos confirmar un secreto a voces: las sagas fantásticas, a cuya cabeza se sitúan los bestsellers (ya longsellers) globales Los juegos del hambre y Divergente, siguen estando en lo más alto de sus preferencias. Igualmente los libros firmados por autores de moda que introducen grandes dosis de amor y drama como consignas principales para sus argumentos, como John Green o el español Blue Jeans (que sigue la estela abierta en su momento por Federico Moccia). Se mantienen autores clásicos que perviven generación tras generación, como Laura Gallego, J.K. Rowling, Jordi Sierra i Fabra o Cornelia Funke, y un buen puñado de lectores que apuestan por inmortales como Verne o Conan Doyle, redescubierto gracias a la serie de televisión Sherlock. También se constata un amplio grupo de propuestas alternativas y cómics.

A destacar el aumento en el consumo, incluso en chavales de doce años, de lo que algunos han denominado como “literatura de supermercado”, bestsellers que encontramos también a la entrada de las grandes superficies, convertidos en fenómenos mediáticos gracias a la publicidad, como es el caso de Cincuenta sombras de Grey. Literatura orientada a un público adulto a la que los chicos y chicas, tanto de centros públicos como privados, acceden desde muy temprana edad. En ocasiones incluso cuentan con el beneplácito de padres, que no conocen la sinopsis de las novelas que adquieren.

Institutos lectores - Comic

¿Son aficionados al cómic?

Mayoritariamente demuestran un gran entusiasmo por bocadillos y viñetas, si bien es cierto que queda mucho camino por recorrer en comparación a otros vecinos europeos. Muy pocos son los que conocen autores españoles actuales o tendencias diferentes al manga japonés, el universo Ibañez (Mortadelo y Filemón levantan pasiones en todos los tramos de edad), los tebeos de superhéroes de las factorías Marvel y DC, y en un menor porcentaje iconos de la línea clara de la escuela francobelga, como Astérix y Obelix o Tintín, que siguen vigentes década tras década. Predominan los lectores frente a las lectoras, aunque se aprecia un aumento del interés del sexo femenino por este lenguaje en las edades consultadas.

¿Qué apps relacionadas con la lectura usan en sus tablets y smartphones?

En este apartado destaca el uso generalizado de Wattpad a todas las edades, un espacio que comenzó como herramienta de publicación de fanfics y que se ha convertido en un obligado punto de referencia para los jóvenes lectores. Es la comunidad por excelencia en la que se dan a conocer todo tipo de autores noveles. Muchos de los chicos y chicas declaran además “haber publicado algunos de sus escritos” a través de esta herramienta gratuita. También señalan los libros gratuitos del market de Android, y aplicaciones como Comic on tour, iPoe y Lovecraft, todas ellas presentadas e introducidas durante las sesiones de Institutos Lectores; también Nubico, aunque esté más centrada en público adulto. La mayor parte de los jóvenes confunden la terminología y no diferencian con nitidez soporte y aplicación.

A partir de los catorce años, señalan visores específicos como Marvel Comic y DC, Manga Seed, aplicaciones vinculadas a periódicos de ámbito nacional, lectores de PDF –su formato preferido- como Adobe Reader… En el último tramo de edad sigue Wattpad al frente, pero también aparecen otras interesantes y novedosas, como Wordroid, una herramienta para participar en “juegos literarios”.

¿Cuál es la vía habitual mediante la que adquieren sus lecturas?

En el caso de los encuestados de doce años se advierte que aún hay un uso cotidiano y generalizado de la biblioteca, que se compagina con la extendida iniciativa, expresada sin ningún rubor, de “descargar de forma gratuita” y los que esperan que les compren los libros en la tienda habitual. Cuando su lectura es obligatoria para la escuela, acuden a la librería. Solo hay un par de casos que conciben pagar algo por adquirir novelas a través de internet.

A los trece la tendencia no cambia en exceso, la mayor parte compra en tiendas (con dinero de los padres), seguidos muy de cerca por los que esperan que se los regalen amigos o familiares. Baja significativamente los que optan por el préstamo bibliotecario, y siguen pirateando masivamente, lo que nos conduce a una seria reflexión. Quizás desde la escuela deberíamos enseñar cómo es el proceso que sigue un texto desde que nace en el teclado de un escritor hasta que la obra se pone a la venta, para que valorasen el itinerario con justicia.

También encontramos respuestas que muestran vías alternativas, como “Buscando propuestas gratuitas en el market de mi móvil” o “Acudiendo a tiendas especializadas en géneros” (imaginamos que se refieren a novelas fantasy, obras relacionadas con los juegos de rol y cómics) . Hay que destacar también varios casos que afirman usar “portales de descarga legal”.

Los lectores de catorce años ofrecen una amplia variedad de respuestas. Significativamente, excepto en el caso particular de un instituto, ignoran la opción bibliotecaria en beneficio de la descarga gratuita, citando incluso las páginas utilizadas habitualmente para ello. Otra parte alega que se ven “obligados” a comprar en las librerías “pagando”, y una gran mayoría suele disfrutar de la lectura a través de los libros que les regalan sus seres queridos. De entre el resto de reflexiones destacan algunos lectores en iPad (que usan Apple Store), los que escogen los libros de la biblioteca familiar que tienen en casa e incluso alguno que lee únicamente lo que él o sus amigos escriben.

Las palabras de los alumnos de quince años ponen en evidencia el desconocimiento que, a esta edad, tienen de los servicios bibliotecarios existentes en su comunidad, una opción de la que podrían sacar un gran partido. Es fácil suponer que la dificultad de encontrar un espacio netamente juvenil, con un fondo literario pensado en ellos, dentro del tejido cultural de sus ciudades, influirá negativamente. La mayoría elige comprar en la librería (de nuevo con una anotación extra: “Sobre todo los que nos obligan en el instituto”); en segundo lugar están los que esperan que su entorno más cercano se los regale. En última posición citan la biblioteca, los mismos que tienen internet como principal aliado. Eso sí, en este sector de edad abundan aquellos que pagan por ello. Otro porcentaje descarga historias en formato PDF, para leer en cualquier soporte, y solo lo conciben como actividad gratuita. Algunos optan por títulos que tengan licencia libre. También hay, como en el grupo anterior, casos de escritores en potencia que directamente inventan sus propias historias y las comparten con sus amigos.

A partir de los dieciséis, los resultados evidencian avances en su autonomía. La librería queda reducida a la adquisición de bestsellers por los que sientan especial devoción, y a los obligados desde el centro escolar. El PDF sigue siendo el formato estrella, y la biblioteca recupera puestos, aunque la piratería por internet es reconocida mayoritariamente también en el último tramo de la Educación Secundaria.

Institutos lectores - biblioteca

¿Mantienen los alumnos un buen recuerdo de las lecturas obligatorias propuestas desde el centro escolar?

A los doce y trece años hay una respuesta optimista de forma generalizada. Todos tienen buenas palabras y un gran número de títulos recomendados por los profesores han dejado huella (aunque muy probablemente se refieran a etapas anteriores). Es en este periodo en el que reconocen su gusto por los clásicos de aventuras (Verne), aunque hay respuestas más positivas cuando se han incluido títulos de renombre más contemporáneos, como las obras de Cornelia Funke y títulos como James y el melocotón gigante, Matilda, Rebelión en la granja…

La literatura juvenil parece que al fin va siendo introducida con fuerza por determinados docentes (los encuestados señalan títulos como Fernando El Temerario, Hasta que lo sepas todo, Huye de mí, rubio, Alexandra y las siete pruebas, Sherezade: las mil y una noches, Asesinato en el Canadian Express, Una historia de miedo o casi y El viaje de Doble P –aunque los tres últimos están recomendados para menor edad–, entre otros muchos). Hay que tener en cuenta que la política sobre la adquisición de este tipo de narrativa es muy variable entre unos centros y otros. En ocasiones está vinculada a un acuerdo con una editorial o con un determinado distribuidor.

También destacan aquellos títulos que, a pesar de su permanente presencia en los planes de lectura desde hace décadas, han logrado atraer a lectores de las nuevas generaciones, como Los mitos griegos, Sin noticias de Gurb, El principito, El asesinato de la profesora de lengua…

Por el contrario, aquellos que no guardan buen recuerdo de las lecturas obligatorias lo hacen saber añadiendo comentarios de su puño y letra del tipo: “Si es obligatorio no disfruto leyendo” o “No me gustan nada las cosas que me obligan a leer”.

Por fortuna, también hay profesores, en concreto en dos centros escolares de Madrid, que están incluyendo el cómic entre las lecturas obligatorias y, gracias a la excelente selección de títulos, conocemos el impacto que han provocado entre los alumnos títulos como Asterix y Obélix, o autores como Canales y Guarnido (Blacksad), Guy Delisle (Pyongyang) y Frederik Peeters (Píldoras azules).

Entre los catorce y los quince años la proporción de opiniones contrarias también está muy igualada. Hemos de tener en cuenta que para muchos chicos y chicas supone el primer acercamiento a la lectura como ocio, aunque se trate de una actividad vinculada a una asignatura. Alternan títulos clásicos con otras proposiciones más novedosas introducidas por profesores implicados en el proceso. Por citar algunas: Narraciones extraordinarias de Poe, novelas de Jules Verne, La historia interminable, Corazón de tinta, Mitos griegos, Klaus Nowak limpiador de alcantarillas, La tuneladora, Robinson Crusoe, Los espejos venecianos, Sherlock Holmes, Cordeluna, El misterio Velázquez, La catedral, Campos de fresas (que siguen triunfando en su enésima reedición), Juegos inocentes juegos, La sonrisa perdida de Paolo Malatesta, Historia de Sara (Odio el rosa)… También han cosechado éxito los que han introducido bestsellers para todas las edades, como demuestran los que citan El niño con el pijama de rayas, El príncipe de la niebla, La mecánica del corazón o Harry Potter.

A partir de los dieciséis también son muchos los que no tienen palabras positivas hacia las lecturas obligatorias, pero entre la minoría que recuerda con agrado buenas historias se cuelan títulos como Corazón de tinta, El príncipe de la niebla, La melancólica muerte de Chico Ostra (introducido en el plan de lectura a raíz de las presentaciones realizadas con los alumnos), Juegos inocentes juegos, Historia de Sara (Odio el rosa), Donde esté mi corazón, Hoyos… Y también encontramos clásicos como La llamada de lo salvaje, e incluso algunos chavales que defienden su gusto por obras como Pepita Jiménez, Episodios Nacionales (varios casos), o El Lazarillo de Tormes.

¿Es cierto que ha aumentado el número de seguidores de las distintas series televisivas? ¿Por qué gustan tanto las adaptaciones cinematográficas que se hacen de novelas juveniles?

Igual que sienten atracción por las novelas seriadas, las producciones que se ofrecen por capítulos en televisión repiten esquemas y generan interés en este sector del público. Ambos formatos se inspiran entre ellos, como recogió en su día la investigadora Gemma Lluch. Actualmente se realizan fantásticas propuestas para la pequeña pantalla, aunque el modo de consumo ha variado notablemente. No necesitan sentarse frente al televisor junto a su familia, sino que las consumen desde el ordenador, tablet o smartphone, escapando a todo control paterno.

A los doce años, las series por las que muestran mayor interés son Castle (con amplia mayoría), Sherlock, Isabel, Hawai 5.0, Mentes criminales, The Walking Dead, The Strain, Águila Roja y La que se avecina. Seguidas por títulos como Glee, The Librarians, Rush, Los misterios de Laura, Los Simpson (que ha perdido interés respecto a cursos anteriores), CSI Miami, Mentes criminales, Víctor Ros e incluso, en un caso, Friends.

En las respuestas de los lectores de trece años de edad, la más votada sigue siendo Castle, seguida de The Walking Dead, Mentes criminales y las humorísticas La que se avecina y Aida. Empiezan a aparecer los primeros adeptos al fenómeno popular de Juego de tronos, a pesar de que la serie está orientada en principio a un público más adulto. Otros títulos citados son Alerta Cobra, Big Bang Theory, Los misterios de Laura, Mentes criminales, Águila roja, Naruto y Elfen died (series anime), Next step, CSI Las Vegas… Algunas chicas citan la serie española Velvet.

A los catorce aparecen también títulos como Alatriste o El Príncipe, como dos de las más seguidas, al mismo nivel que Castle o las comedias nacionales antes referidas. También se cuela Cómo conocí a vuestra madre, e incluso alguna telenovela emitida por la cadena Nova.

A partir de quince y dieciséis años el abanico es realmente amplio. Están enganchados de forma masiva a Juego de tronos, pero muy de cerca en número de seguidores están, de nuevo, Castle, The Walking Dead o las Crónicas Vampíricas. El resto de preferencias se reparten entre The Client List, Person of Interest, Pretty Little Liars, Tokyo Ghoul y Naruto (anime), House of Cards, Espartacus, Arrow, Skins, Gone Girl, Los hombres de Paco, CSI, Isabel, Velvet, Águila roja y Alatriste.

¿Hay muchos booktubers? ¿Y blogueros que hablen de novelas y cómics?

Entre los alumnos de doce años encontramos a muy pocos que posean un espacio exclusivo en la red para hablar de su afición a la lectura. Los que se atreven a confesar muestran vergüenza a la hora de ampliar información, aunque no dudan en decir los temas que tratan: canciones (lo que demuestra que la afición por la música es un nexo común entre todos los centros escolares a estas edades), libros que han conocido a través de Wattpad, algunos canales temáticos sobre los escritores John Green y Blue Jeans (con análisis y fanfictions en torno a sus libros), videojuegos e, incluso, ordenadores. Bastantes que versan exclusivamente sobre la afición al Minecraft, unos pocos cinéfilos y otros tantos que recopilan “cosas humorísticas” o hablan de retos y moda.

A los trece años, el panorama de jóvenes con este tipo de aficiones es menor, o se muestran aún más reticentes a hablar sobre ello. La mayoría de los que admiten tener canal en Youtube o en un blog no comentan “nada de literatura”, aunque aparecen aficionados a “los mangas y animes (Fairy Tail) que veo”, a los cortometrajes, a la música, a los videojuegos, al baloncesto e incluso a la “belleza y moda”. A destacar varios ejemplos de, especialmente, chicas que se van a lanzar a construir un perfil booktuber tras recoger ideas durante la actividad Institutos Lectores (al menos así lo manifiestan con anotaciones a pie de página).

La generación que ahora tiene catorce años apenas muestra interés por este tipo de propuestas personales o, insisto, no se atreven a contarlo aunque sea de forma anónima. De todas las encuestas consultadas, una minoría afirma tener canal en Youtube y nadie habla de literatura.

Entre los quince y los dieciséis sigue destacando el perfil de chico aficionado a los videojuegos que amplía su afición con clips y bitácoras virtuales en donde comparte trucos e ideas sobre títulos concretos. Los pocos ejemplos de lectores que hablan de sus historias preferidas en internet son chicas. También hay fans de las series de televisión que comentan cada capítulo y otro grupo que, al igual que ocurría en el tramo de los doce a los trece, “pronto crearé uno en el que hable de libros”. A modo de anécdota, algunos afirman tener blogs en los que comentan “recetas de cocina bizarra”.

Conclusión

Si hacemos una lectura reposada de estas conclusiones, nos daremos cuenta de que hay datos para ser positivos y optimistas. Pensemos en nuestros doce, trece, quince años. Las realidades y los atractivos culturales que se ofrecen alrededor son diferentes, pero hay cosas que siguen uniendo a las distintas generaciones.

No tenemos varita mágica, pero sí certezas: los jóvenes leen, y existen grandes profesionales en cada centro educativo que trabajan y se implican, incluso fuera de su jornada laboral, para demostrarlo. Y otra certeza más para los que, tras muchos años, creemos saber algo acerca del imprevisible ideario de los adolescentes con respecto a la lectura: qué razón tenía el actor Danny Kaye cuando decía que los especialistas somos aquellas personas que sabemos cada vez más sobre menos, hasta que finalmente sabemos todo sobre nada y nada sobre todo.

Institutos lectores - Estantería

5 comentarios en “Hábitos de lectura y ocio entre los jóvenes lectores

  1. Elisa Isabel Rico Carrasco
    03/03/2017 a las 17:56

    ¿Dónde puedo encontrar este estudio?

  2. Paula Rivera
    22/08/2016 a las 12:07

    ¿Dónde puedo encontrar este estudio? Gracias.

  3. Carolina Jimenez
    24/06/2016 a las 13:23

    Estimado Lorenzo!.
    Gracias por compartir este artículo!.
    He escrito a la fundación, pues me gustaría conocer el estudio. Y revisarlo, de ser factible.
    Muchas gracias de antemano, si puedes comentarme algo más o brindarme más antecedentes.
    Saludos cordiales,

  4. Lorenzo
    04/09/2015 a las 13:39

    Gracias Silvia. Tu trabajo y el de tantos compañeros en el día a día es impagable y ejemplar. Sois los verdaderos protagonistas.

  5. Silvia Cerrato
    10/08/2015 a las 17:40

    ¡Enhorabuena Lorenzo Soto por la magnífica labor que realizas con los muchos jóvenes lectores del IES Gran Capitán!

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