Entrevista a Lucía Serrano

Lucía Serrano es una joven ilustradora nacida en Madrid en 1983. Estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, y posteriormente siguió sus estudios de ilustración infantil en la Escola de la Dona y en la Escola Eina, ambas en Barcelona, ciudad donde reside actualmente. Su primer álbum ilustrado fue El día que olvidé cerrar el grifo, con el que obtuvo el premio Princesa de Éboli en 2008. Además de este premio, también ganó en 2009 la XIII edición del Concurso A la Orilla del Viento con ¡Qué niño más lento! Sus últimos libros, publicados este mismo año, han sido Bolsillo (República Kukudrulu) y Redondo (Thule), ambos con texto de Pablo Albo.

En blanco (Anaya, 2011)

Lucía, comencemos por el principio. ¿Cuál fue el primer ilustrador que recuerdas de tu niñez, aquel del que te aprendiste el nombre, o al que reconocías por sus dibujos?

Las primeras ilustradoras que recuerdo son María Rius y Roser Capdevila. En casa teníamos Los abuelos y Los niños (de María Rius), y mi hermana y yo jugábamos a encontrarnos a nosotras y al resto de la familia en sus páginas. De Roser teníamos, entre otros, La canguro busca empleo, un libro con páginas que se desplegaban, formando frisos larguísimos con ilustraciones llenas de detalles. Mi padre copió una de estas ilustraciones en la tabla que tapaba la persiana de nuestro cuarto, así que se podría decir que las imágenes de Roser nos acompañaban cada día. Otro gran ilustrador que estuvo ahí desde el principio es Tony Ross, con su Rodolfo y la Luna. Lo leíamos muchas muchas noches.

¿Y el primer libro que te atrapó, que te hizo lectora?

¡Mafalda! Mis padres los tenían en una balda bajita, así que los podíamos coger sin problemas. Los leí y releí muchas veces, y no entendía casi nada. ¿Quién era ese tal Fidel? ¿Y Brigitte Bardot? ¿Por qué esa niña hablaba tanto de los chinos? ¿Qué es un almanaque? ¿Y un Papafrita?… Daba igual. Me lo pasaba pipa leyendo. A partir de ahí ya vinieron muchos otros…

¿En qué momento te planteaste dirigir tus pasos hacia la ilustración profesional?

En blanco (Anaya, 2011)

Según mi madre, ya con seis años le iba diciendo a la gente que cuando fuese mayor haría cuentos. Me gustaba coleccionar palabras nuevas, y luego soltarlas en medio de las frases (daba igual si tenían sentido o no, lo importante era usarlas). Así que no os podéis imaginar la alegría al descubrir que hacer dibujos en los libros era una profesión, una profesión con un nombre precioso. A partir de ese momento no paré de repetir: «Voy a ser ILUSTRADORA». Muchos adultos respondían: «¿Y eso qué es?». Y yo se lo explicaba orgullosísima. He de confesar que en algún momento también quise ser veterinaria. Pero me di cuenta de que si alguien me traía a una serpiente para curarla me daría muchísimo miedo, y deseché la idea.

¿Cuál fue tu primer trabajo remunerado en esta profesión?

Unos libros de texto para Cambridge. Aún no había dado ninguna clase de ilustración, y trabajaba con la sensación de que lo iban a notar y me iban a echar de allí. ¡Por suerte no fue así! Resultó todo un lujo trabajar con las chicas de Cambridge.

Has ilustrado varios libros de texto. ¿Sigues haciéndolo? ¿Cómo valoras esta faceta de tu trabajo que, según muchos ilustradores, es ingrata pero alimenticia?

Sigo haciendo libro de texto, sí. La parte ingrata del trabajo sería el poco tiempo que se dispone para realizar tantísimas ilustraciones, pero también es verdad que es un ejercicio que da una mano impresionante a la hora de dibujar. Al principio creía que el trabajo de libro de texto no era creativo, pero me estoy dando cuenta de que no es así: en cualquier ilustración puedes meter algo tuyo, y el que las descripciones estén tan acotadas, y tener tan poco tiempo, hace más interesante la búsqueda de estos detalles. Además, no olvidemos que es un trabajo bien pagado (por eso lo de alimenticio, si los álbumes se pagasen igual nos alimentaríamos con álbumes). Cuando eres niño y abres los libros el primer día de cole se agradece mucho que quien las ha ilustrado lo haya hecho con cariño. Es muy grato pensar que tus dibujos tendrán ese fin.

A pesar de tu juventud, en los últimos dos años has incorporado una buena lista de libros y premios en tu bibliografía. ¿Cómo estás viviendo esta etapa?

¡Qué niño más lento! (FCE, 2010)

Puf… impresiona mucho. Anda que no he llorado por el camino (con las buenas noticias, es que suelo llorar «de bonito»). En estos momentos me vuelvo a plantear cosas, como por ejemplo: ¿soy ilustradora o cuentista? La verdad es que me gusta más cuentista, porque aquel que cuenta lo hace en cualquier sitio, y por cualquier medio. Y pareciera que siendo ilustradora tuviese que olvidarme de las palabras. Y no quiero eso… Hasta aquí una pequeña muestra de cómo la cabeza no para quieta, suceda lo que suceda alrededor. Añado: poder publicar y que además te premien algún libro es fantástico. Porque te da el empujoncito final para ser consciente de que esto es una profesión, en la que se disfruta muchísimo, pero no por eso es una profesión menos seria.

Cuando trabajas con un autor, ¿suele ser por encargo de la editorial? ¿O has preparado algún proyecto con alguien y luego lo presentáis? Con Pablo Albo, no sabemos si será el caso, tienes ya tres libros: Bolsillo, ¿Rinoceronte? ¿Qué Rinoceronte? y Redondo.

Por ahora siempre que he trabajado con un autor ha sido por encargo editorial, pero no por norma, sino porque las cosas han ido saliendo así. Con Pablo fue un poco diferente. Cuando vio el libro de El día que olvidé cerrar el grifo me fichó, y a partir de ese momento me ha ido sugiriendo como ilustradora a las editoriales para aquellos textos en los que le parecía que haríamos buen equipo. Para mí ha sido todo un lujo. Me siento muy identificada con su manera de jugar con las palabras. Y cuando le leo tengo la sensación de que cada palabra está donde está porque tiene que ser así. ¿Sabes cuando encuentras un pie que le va perfecto a un zapato? Pues algo así me pasa cuando ilustro al señor Albo.

Bolsillo (texto de Pablo Albo, República Kukudrulu, 2011)

En general, ¿cómo ha sido tu experiencia con el mundo editorial en cuanto a las condiciones de trabajo, la libertad creativa, el trato…?

Mmmm… El trato es agradable, y en general me he encontrado con respeto por mi trabajo. Pero aún hay editoriales que se aprovechan de la inexperiencia de la gente que empieza, y hay que tener cuidado con los contratos que se firman. También creo que las tarifas que se manejan habrían de actualizarse. Por lo general estas tarifas son bajas, y la consecuencia es que un ilustrador tiene que hacer muchos libros al año para poder vivir de ello. Y llega un momento en que la máquina (el cuerpo) no da para más.
En cuanto a libertad creativa, depende mucho del proyecto, hay proyectos en los que el editor confía totalmente en tu criterio, y en otros en los que se modifica el original. En estos casos estoy aprendiendo a confiar en mi criterio y saber hasta donde quiero llegar con los cambios que se me piden.

En tu opinión, ¿cuál es la situación de la profesión en estos momentos? ¿Qué problemas hay, y qué reivindicaciones hay aún pendientes de conseguir?

Los ilustradores tenemos que responsabilizarnos de lo que hacemos y estar seguros de ello, para no ir con la idea de que se nos hace un favor al publicarlo. Es el primer paso para, más tarde, poder reivindicar nuestros derechos. Y cuesta mucho, pero creo que merece la pena. Que no se nos nieguen los derechos de autor (ni se reduzcan), que los contratos no sean abusivos… Sigue habiendo contratos sin pies ni cabeza circulando por ahí, y lo malo es que los firmamos. Se tienen que cambiar más cosas, pero, para empezar, esto es lo que tenemos más a mano los ilustradores y autores. Por otro lado, tenemos el mundo de las tablets digitales, un nuevo modelo de negocio del cual se están sentando las bases ahora, y hay que estar informados. A partir de ahí, por pedir que no quede, estaría muy bien que los gobiernos invirtiesen en literatura infantil (en otros países se hace) para conseguir que el porcentaje de libros comerciales frente a los no tan comerciales no fuese tan alto. Aunque esto ya nos pilla más lejos.

Marcapáginas para "Llibre de les endevinalles 2" (Barcanova, 2010)

¿Qué ventajas y desventajas tiene el crear tú misma el texto y las ilustraciones?

La gran ventaja: disfruto muchísimo. Es una suerte poder ir modelando al mismo tiempo el texto y las ilustraciones… Porque al final el proceso que se hace con estas dos partes es muy parecido: estructurar qué irá en cada página. Elegir cuidadosamente qué palabras utilizaremos, tachar, remover, empezar a ver las caras a los personajes, descartar colores y añadir otros.. ¿Qué aparece? ¿Y qué no? ¿Qué digo? ¿Qué sugiero? ¿Qué me callo? Cuando el texto te viene dado, como es lógico, no lo puedes ir cambiando a medida que trabajas, y a mí es algo que me gusta hacer.
Bueno, puede haber una desventaja: que solo das un punto de vista (no como si el autor y el ilustrador se separan en dos personas). Pero… también es todo un reto conseguir que el texto y la ilustración no digan la misma cosa, aun siendo una misma persona la que los hace.

Es fácil etiquetarte como una ilustradora humorística, incluso se te ha comparado con Sempé, uno de los grandes en este género. ¿Te molesta que te clasifiquen de esta manera? ¿Te gustaría explorar otros aspectos de la literatura infantil?

El día que olvidé cerrar el grifo (Anaya, 2009)

Puf! La comparación con Sempé me viene grande… ¡Es todo un maestro! Es curioso que se me etiquete así, porque prácticamente todos los libros que he escrito e ilustrado tienen un fondo que yo no consideraría tan humorístico : El día que olvidé cerrar el grifo es menos evidente, pero… no deja de ser duro estar jugando y que te interrumpan para cenar. En Yo quiero una mascota, la protagonista tiene que asumir que no podrá tener todos los animales maravillosos que se le ocurren, aun así, un caracol le acabará pareciendo una mascota fantástica. ¡Que niño más lento! nace de la locura en que estamos inmersos actualmente, donde cada vez hay que hacer las cosas más y más rápido. Un sistema donde no hay sitio para mucha gente. En este en concreto tuve que cambiar el final, porque yo dejaba al niño protagonista en un jardín donde solo había plantas, y encontraba en ellas alguien con quien compartir su ritmo lento. En la editorial este final pareció duro (lo entiendo), y el niño lento acabó en un jardín con plantas y personas lentas. Algunas personas me han dicho que acabo los cuentos dejando una sensación agridulce. Es bonito comprobar cómo un libro puede ser entendido de formas diferentes según quien lo lea. Pero es verdad que pienso que, aunque lo que estés contando sea duro, no es obligatorio transmitirlo con dibujos tristes y palabras melancólicas. Se puede hacer con humor. Y a mi me atrae más esta manera de contar. Así que gracias por la etiqueta, es todo un lujo. En cuanto a si me gustaría explorar otros aspectos… ¡Por supuesto! Quiero explorarlo todo.

Entonces, ¿te apetecería ilustrar un libro para adultos o para jóvenes?

En realidad los cuentos los hago para mí… Tengo veintiocho años y soy más o menos adulta, así que se podría decir que ya trabajo para todos los públicos. Pero entiendo que los llamados libros para adultos y para jóvenes tienen otro formato al que no me he enfrentado todavía, y tampoco me importaría probarlo.

En varios de tus libros aparece un pequeño submarino amarillo en algún rincón. Imaginamos que es una referencia a tu primer álbum, El día que olvidé cerrar el grifo. ¿Tiene algún significado más? ¿Qué otros guiños te gusta incluir en tus ilustraciones?

El día que olvidé cerrar el grifo (Anaya, 2009)

Me gusta dibujar submarinos, y cada vez que dibujo uno amarillo me acuerdo de mi padre, gran fan de los Beatles, es como un guiño, y supongo que por eso va apareciendo. Otra cosa que me encanta dibujar son enchufes. Son como personajillos atrapados en la pared que pueden estar en cualquier sitio y a los que nadie hace ni caso. Me encanta dibujar insectos. Muchas veces acabo cogiendo más cariño a los personajes que aparecen acompañando la historia que a los propios protagonistas.

A juzgar por la cantidad de cursos, jornadas, exposiciones, talleres y escuelas dedicadas a la ilustración en nuestro país, ¿podríamos hablar de una época dorada?

Creo que estamos en un buen momento. Están apareciendo muchas editoriales pequeñas cuya premisa fundamental es el amor por los libros bien hechos. Además tenemos grandes profesionales impartiendo cursos de gran calidad, y otros grandes profesionales encargándose de organizarlos… Se crean lugares donde poner en común experiencias, donde surge el debate, donde pueden encontrarse, además de los ilustradores, el resto de los profesionales que rodean al libro infantil. La formación y la información está al alcance de la mano, lo que facilita el trabajo, y hace que la profesión sea menos solitaria. Creamos libros para niños. O cuentos para adultos. A veces, cuando llevas mucho tiempo trabajando solo en casa esto se olvida, y viene bien salir afuera para recordarlo.

¿Guardas algún recuerdo especial de alguna jornada o seminario en el que hayas participado como alumna? ¿Algún ilustrador que te haya influido especialmente?

Podría alargarme porque he ido a muchos cursos y cada uno tiene sus recuerdos. Por ejemplo, por ejemplo… Venga, diré tres:
– El genial Pablo Auladell, en un curso de verano en Macerata (Italia), nos decía: «El ilustrador debe llevar en una mano una rosa y en la otra un látigo» (Pablo, siento utilizar tu frase sin pedirte permiso). Estoy de acuerdo, no hay que quedarse embobado con lo que uno hace, sino ser autocrítico para aprender siempre. Pablo es un gran ilustrador y un enseñante generoso.
– Curso de Daniel Nesquens y Elisa Arguilé, en Ilustratour. Es la primera vez que me ha dado clases un escritor (¡y además era Nesquens!). Disfruté como una enana destripando el texto con él.
– Y tercero: Este verano asistí a una charla de Tony Ross, también en Ilustratour. Es uno de mis referentes, así que os podéis imaginar la impresión que me hizo. Me quedé con una frase: «He hecho libros buenos, y libros muy malos, es normal, somos humanos». Y con una imagen: Ross tiene ochenta años pero sigue riendo como un niño.

¿Qué nos puedes contar de la feria de Bolonia? ¿Has estado? ¿Qué experiencias has tenido?

He ido en dos ocasiones. Nunca he vuelto con trabajo, pero es una buena experiencia. Te das cuenta del gran mercado que hay fuera de nuestras fronteras.Y con tantos lugares por investigar… ¿Cómo vas a tirar la toalla? Y se hace callo en esto de enseñar tu trabajo. Eso sí, es demasiada información para pocos días, y se vuelve agotado.

Hablando de otro tipo de ferias, seguro que has pasado varias veces por casetas de editoriales o librerías para firmar tus libros. ¿Qué tal el encuentro con los lectores? ¿Firmas más a niños, o a sus padres?

No he firmado mucho: En la ocasión que más ejemplares firmé fue una feria del libro en la que agotamos las existencias y llegaron a poner vallas para organizar la cola… En esa ocasión he de decir que solo firmé a una mujer desconocida. El resto eran familia y amigos 🙂 Basándome en mi poca experiencia, he firmado más a padres que a niños. Pero igualmente es un gran momento, caes en la cuenta de que lo que haces lo va a leer alguien… y eso es emocionante.

Eres una de las muchas ilustradoras que tiene un blog (kukadellumm.blogspot.com), y lo actualiza regularmente. En él se pueden ver, casi como si nos asomáramos a tu estudio, bocetos, proyectos, primicias, trabajos realizados… ¿Qué suponen para ti estas herramientas que proporciona internet? ¿Qué crees que han aportado al mundo de la ilustración infantil?

Internet es un arma de doble filo. Por un lado es una herramienta maravillosa para la promoción y difusión de tu trabajo. También da la posibilidad de comunicarte con compañeros de profesión o con lectores, e intercambiar conocimientos, o aclarar dudas, o simplemente decirle a alguien que te ha encantado su libro, o que otra persona te lo diga a ti (anima mucho y hace que el trabajo sea menos solitario). Por otro lado, los blogs son de uso fácil e inmediato, y hay momentos en los que se te olvida que lo que pones va a estar a ojos de todo el mundo, al menos a mí se me olvida, y tengo menos cuidado del que debería. Pero esto se va aprendiendo, y es algo que no ocurre solo en la profesión, sino a todo usuario de la red. Así que, resumiendo: Internet ha reducido las distancias entre autor/lector, ilustrador/ilustrador, editor/autor… una gran ventaja. (Además, facilita muchísimo la labor de documentación cuando estás dibujando… pero este es otro tema).

Además de la web, hay otros grandes avances en el mundo de la ilustración, como son los programas de dibujo vectorial, las tablets de las que hablabas antes… Cuéntanos qué técnicas utilizas habitualmente, ya sean artesanales o informáticas.

Me he aficionado a Photoshop, me encanta cacharrear con el programa. Lo que hago últimamente es dibujar fuera del ordenador, con lápiz o plumilla (disfruto más de la línea con estos materiales), escaneo, y pinto con el ordenador. La técnica para pintar varía según el libro, puede ser más trabajada, escaneando manchas de acuarela, poniéndolas en distintas capas transparentes y borrando con diferentes opacidades, o creando los colores por mezcla aditiva a partir de tres capas multiplicadas (azul, amarillo y rojo), o color plano, o bitono… Me gusta mucho experimentar. Y cada historia pide una técnica distinta.

¿Qué opinas de los nuevos caminos que se están abriendo en el mundo del libro infantil, como las aplicaciones, los libros digitales enriquecidos…? ¿Crees que pueden surgir cosas interesantes?

Boceto para "Cama y cuento" (Anaya, 2010)

Ya están surgiendo. Un ejemplo: The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore, un libro para iPad creado por un ex-diseñador de Pixar, es muy bueno.Ya hay creadores que se han puesto en marcha para hacer obras interesantes. Al principio tenía mis reticencias con estas aplicaciones, pero he comprendido que solo es un nuevo soporte para la creación. Y, en los libros (como en todo), que el contenido sea bueno o malo dependerá de quién, cómo y para qué se haya realizado. Habrá libros digitales malísimos y libros digitales buenísimos, igual que hay libros de papel malísimos y libros buenísimos. Y una gran gama de grises. Intuyo que para hacer buenos libros digitales no habrá que conformarse con hacer que se muevan personajes del libro, sino que habrá que romperse mucho la cabeza con el contenido del libro. La última palabra la tendremos los lectores. Y por eso seguirá siendo necesaria una educación lectora. Con, o sin libros digitales. Es un momento muy interesante, hay que estar atentos y aprender mucho.

Para terminar, Lucía, nos gustaría que contestaras a un breve cuestionario y recomendaras a nuestros lectores…

un libro: El curioso incidente del perro a media noche, de Mark Haddon.
un álbum ilustrado: Martin Pebble, de Sempé (lo descubrí hace poco y es una gozada).
un ilustrador: Manu Larcenet y Bill Watterson (son de cómic), y como ilustrador… Shaun Tan.
un escritor: Eduardo Mendoza (¡Sin noticias de Gurb!).
un disco: Strike Back, The Baseballs.
una película: Viaje a Darjeeling, Cantando bajo la lluvia (viejita, sí, pero pone de buen humor).
una ciudad: Edimburgo.
un color: Amarillo anaranjado.
una página web: www.pyramidcar.com (Blog de Scott C, este chico hace cosas muy buenas).

Tira de Calvin & Hobbes (Bill Watterson)

4 comentarios en “Entrevista a Lucía Serrano

  1. 27/09/2013 a las 11:40

    Muy fan del trabajo de Lucía!! estilazo, creatividad y mucho humor!

  2. Javier (Boss)
    27/09/2011 a las 19:50

    Los que tenemos el placer de conocerla, sabemos que detrás de esta gran ilustradora,a parte de sus cualidades artísticas se halla un corazón inquieto que derrocha calidad, calor e ingenuidad. Solo hay que ver sus “monigotes”.
    Felicidades y adelante

  3. JAIME
    27/09/2011 a las 15:08

    Muy interesante sobre todo la valoracion de la ilustracion d los libros de texto fuente de pan de muchos ilustradores. Felicidades

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