Entrevista a Irene Vasco

Irene VascoIrene Vasco no es como todas las abuelas; no solo cuenta historias a sus nietos sentada en un sillón, también se sube a camiones o motocicletas y recorre enormes distancias para visitar comunidades a las que casi nadie llega, todo con una intención: llevar los relatos que comparte con su familia a niños que no conocía hasta ese momento.

Además de promotora de la lectura, es traductora de varios títulos del portugués a nuestro idioma y —sobre todo— una escritora de origen colombiano con un montón de sueños y proyectos en la cabeza. Envuelta en un entorno nacional problemático, se ha propuesto romper el silencio con el que se ocultan los conflictos a los jóvenes y desvelarlos con mesura a través de sus textos para mostrarles su realidad; es por eso que algunos de sus libros pueden parecernos alejados de los rumbos habituales de la literatura juvenil.

Es autora de casi una treintena de títulos, entre los cuales se encuentran Paso a paso (1995) y Mambrú perdió la guerra (2012), obras que representan dos puntos distintos en su vida literaria y sobre las cuales nos habla en entrevista.

La escritora también confiesa que solo sabe pensar en palabras: “No logro vislumbrar imágenes. Quizás por eso en mis textos no hay muchas descripciones. No cuento cómo son las personas, cómo visten, en qué paisajes se mueven”, por eso deja en editores e ilustradores la tarea de representar en la gráfica lo que ella construye con el lenguaje. Sin embargo, sus textos distan de ser sencillos, por el contrario, se centran en la parte emocional de los personajes y en las dificultades por las cuales atraviesan.

¿Qué diferencias hay entre la Colombia de Paso a paso y la de Mambrú perdió la guerra?

Han pasado alrededor de veinte años entre uno y otro libro. Paso a paso fue publicado en 1995 pero los hechos en los que me basé sucedieron en 1988. En ese tiempo los colombianos hemos vivido las transformaciones de un país que consolidó su economía alrededor del narcotráfico. Cuando escribí Paso a paso ya se vislumbraba este entorno pero la vida cotidiana ocultaba, hasta cierto punto, la profunda crisis social que se iba adueñando de cada palmo de Colombia.

Entre la década de los 60 y 80, era posible movilizarse con seguridad por los territorios nacionales. Recuerdo con gran placer los paseos familiares en los que se entraba y salía por municipios pintorescos, donde los habitantes saludaban desde sus casas siempre abiertas, sin temores. Uno podía albergarse en hogares desconocidos y las palabras fluían sin reservas ni aprehensiones.

Hoy en día mis nietos no pueden disfrutar de esta experiencia. El miedo que se vive en las ciudades y en los campos impide la comunicación, la apertura, la hospitalidad y —¡qué lástima!— hasta la transmisión de las tradiciones.

Cuando llegamos como extraños a cualquier lugar, a pesar de nuestras sonrisas amigables, las puertas se cierran, las palabras se callan. Nadie puede garantizar que no seamos informantes de las fuerzas de seguridad del Estado. Cada gesto, cada palabra es medida, calibrada, para ver si no representa peligro. Lo mismo sucede cuando llego a lugares remotos a dictar talleres a padres, maestros y bibliotecarios. Un taller tiene que ser un diálogo, una construcción colectiva, pero cada vez más es un monólogo donde yo hablo, los demás observan en silencio y en voz baja alguien se atreve a decirme que “no diga cosas tan fuertes”. Los colombianos nos convertimos en enemigos los unos de los otros.

En medio de todo, hay un silencio preventivo, temeroso, que permea y atraviesa la sociedad. Es necesario romper este silencio y contarle a la juventud, al relevo generacional, esta realidad para que eventualmente pueda modificarla.

Paso a paso (Irene Vasco)¿Cómo ha cambiado su percepción de la violencia y de la realidad colombiana en ese lapso de tiempo?

La narrativa alrededor de la violencia se ha banalizado con el propósito subyacente de ocultar. El Estado y los medios utilizan la violencia como lema conveniente y efectista de cuanta campaña publicitaria o propaganda requiera de la compasión del público, con cualquier propósito.

La imagen de la violencia así transmitida por los medios, bombardea a niños, jóvenes y adultos a toda hora y en todo lugar. Tal sobreexposición mediática termina por insensibilizar a la sociedad haciéndola creer que toda violencia, incluyendo la verdadera violencia, es ficción.

Por supuesto la descripción de la violencia siempre ha estado presente en el arte, en la literatura, pero jamás había sido tan directa, tan procaz, tan trivial, tan permanente, tan gratuita, tan direccionada ni tan enajenante.

¿Cómo han recibido ambos relatos los lectores?

En Colombia ha circulado durante muchos años. Las reimpresiones se multiplican, incluyendo las ediciones piratas. Cuando visito escuelas y bibliotecas, la respuesta al libro es emocionante. Hay muchas reservas entre los lectores por el final-no final y me piden explicaciones. Es interesante entablar diálogos con los jóvenes pues se sienten escuchados, con derecho a intervenir, a opinar. Me encanta esta experiencia de darles voz a los muchachos a través de un texto literario.

Por otra parte, Mambrú perdió la guerra apenas comienza a circular. A Colombia llegó hace unos pocos días y, según creo, aún no ha sido distribuido a las librerías. Hay que darle tiempo a este nuevo libro.

¿Por qué los padres y maestros se resisten a enfrentar a los lectores jóvenes con temáticas tan fuertes como las que muestra a través de sus textos?

Pienso que hay dos factores que impiden a los adultos hablar con los niños sobre temas considerados “políticamente incorrectos”: el miedo y la ignorancia. Miedo a que alguien considere nuestras opiniones como disidentes; ignorancia sobre los hechos y sus orígenes. Ambos factores se entrelazan y se refuerzan.

La historia de Colombia y sus implicaciones políticas y sociales no ha sido transmitida en la escuela. Esta omisión en ningún caso es accidental o producto del descuido o negligencia. En realidad, la ignorancia es una condición necesaria para la perpetuación del atraso, la pobreza y la desigualdad. Los colombianos tenemos enormes vacíos informativos; nos alimentamos de lo que los grandes y masivos medios de comunicación quieren decirnos y no nos detenemos a cruzar fuentes ni a analizar lo que nos cuentan. La ignorancia se preserva, no por la ausencia de información, sino por el bombardeo de desinformación transmitido por estos medios.

Si los adultos no enfrentamos los temas políticos entre nosotros, mucho menos nos atrevemos a tratarlos con los jóvenes. En cambio ellos parecen buscar con avidez y audacia textos que les remueva el espíritu, la curiosidad, la búsqueda. Los conflictos sociales y los dilemas existenciales expuestos a través de la literatura y del simbolismo pueden ayudar a los lectores a comprender la realidad y a intentar transformarla.

Irene Vasco (Mambú perdió la guerra)En Paso a paso y en Mambrú perdió la guerra, los familiares de Patricia y Emiliano evitan dialogar con ellos sobre los conflictos en los que se ven envueltos; sin embargo, ambos están conscientes de lo que pasa a su alrededor, ¿cómo deben manejarse estos tópicos con niños y jóvenes?

Cada sociedad, cada escuela, cada familia tiene su manera de transmitir valores y opiniones. No hay fórmulas ni recetas. En mi hogar, en particular, intentamos que nuestros hijos en su momento, y nuestros nietos en la actualidad, se nutran de múltiples puntos de vista.

La política es un tema recurrente en mi casa. Hablamos, discutimos, compartimos información. No siempre estamos de acuerdo, pues las perspectivas son muy diversas, pero cada quien argumenta y expone sus opiniones. Los niños están presentes; no hay censura en lo que se habla y poco a poco los menores entran en este diálogo. Queremos que crezcan como ciudadanos libres, críticos e informados y esta es una manera de iniciarlos.

Cuando preguntan porque han oído comentarios o han visto alguna noticia en la televisión, caso muy frecuente, les contestamos con la verdad. Esto no es tan usual en otros lugares ni en otros hogares. Mucho menos en la escuela, donde la voz de los niños y los jóvenes es acallada. En mis libros no me refiero a mi vida familiar. Más bien intento retratar lo que veo en mi país. Siempre voy con los ojos y los oídos muy abiertos.

¿Qué aportación puede hacer la literatura en la erradicación de la violencia?

Esta pregunta me obliga a ser algo dura con los padres y los maestros. Hasta el momento no han tenido buenas herramientas para transmitir la historia, para crear opinión y criterio. Su silencio no logra romper el cerco del miedo y del silencio. Más bien permite que la violencia, la injusticia y la desigualdad se perpetúen.

La literatura quizás pueda contribuir a educar mejor a una nación que necesita urgentemente de un proyecto común pacífico. Cuando escribo no tengo intenciones de esta naturaleza, sólo quiero contar historias, revelar personajes y situaciones, pero si en algo contribuyen mis libros a erradicar la violencia, bienvenido sea el aporte. Como dije en otra entrevista, sin conocer nuestra realidad social no es posible siquiera intentar modificarla.

¿Usa la primera persona de modo intencional para acercar con más fuerza a los lectores con los personajes o es un recurso estilístico?

Aquí tengo que hacer una confesión: me encantaría utilizar con más frecuencia la voz de un narrador externo. Cada vez que voy a comenzar un libro me propongo abandonar la primera persona. Pero los personajes se imponen. No quieren que yo u otra voz los narre. Son demasiado fuertes para mí y terminan por contarse a sí mismos.

El libro en el que trabajo actualmente parece algo más dócil: por lo pronto se está dejando contar por un narrador. ¿Lo lograré esta vez?

www.irenevasco.com

3 comentarios en “Entrevista a Irene Vasco

  1. kelly jhoana salazar ospina
    22/08/2016 a las 03:53

    ¿Cuantos premios a ganado el libro “como todos los dias” ?

  2. 02/05/2013 a las 17:13

    Muchas gracias por tu comentario, Irene, es un placer contar con tus palabras en Babar. Un abrazo!

  3. 02/05/2013 a las 15:17

    Queridos amigos de Babar:
    Es un gran honor ver esta entrevista publicada en tan prestigiosa revista. Tengo que agradecerles por esta oportunidad de mostrar mi trabajo literario.
    Aprovecho para agradecer a Graciela Sánchez Silva por la entrevista y a mis editoras de Fondo de Cultura Económica, Eliana Pasarán y Mariana Mendía, por su enorme ayuda para que “Mambrú perdió la guerra” haya crecido hasta convertirse en lo que hoy los lectores tienen a la mano.
    Un abrazo colombiano,
    Irene Vasco

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