En casa de mis abuelos

En casa de mis abuelosArianna Squilloni
Ilustraciones de Alba Marina Rivera
Caracas y Barcelona: Ekaré, 2011

En casa de mis abuelos es un álbum ilustrado que corre cierto riesgo de pasar desapercibido, si lo reducimos a un resumen argumental que es tópico en la literatura infantil: los abuelos son gente simpática, con la que pasan cosas especiales. Pero la propuesta de Arianna Squilloni y Alba Marina Rivera va mucho más allá de un par de anécdotas graciosas o un suceso divertido.

En primer lugar, formalmente, porque es de los casos de elaboración conjunta donde no tiene sentido hablar de texto e ilustraciones, sino más bien de una doble autoría que hace despegar el conjunto. En segundo lugar, narrativamente, e incluyendo a este respecto la narración visual, porque hay un doble proceso de contención y reducción de elementos a un mínimo (de ahí la posible falsa apariencia de sencillez) y un proceso paralelo de diversificación y multiplicación de los hilos narrativos; para el lector esto supone tanto que la historia adquiera especial vivacidad (un mundo de ficción que, al final, creemos poder tocar con los dedos) como que se le ofrece una multitud de detalles más o menos diseminados en los que vale la pena fijarse.

A modo de introducción, las guardas delanteras presentan un solo tema, el de la lluvia, mientras las traseras nos lo devuelven transformado en lluvia normal y lluvia de colores. Esa lluvia es un leitmotiv que va uniendo las páginas y narra por sí sola, con un cielo que se va oscureciendo progresivamente hasta que llueve, un salto temporal al verano y la nueva aparición de la lluvia, ahora con un efecto original. Corre en paralelo al texto, o, más que en paralelo, en una línea aproximada, pero más ondulada que recta: «Eso que ves era el bastón de mi abuelo. Y ese era mi abuelo, siempre afanado y renqueante. El bastón seguía a mi abuelo a todas partes, eran amigos inseparables. A mi abuelo, en cambio, le gustaba seguir a mi abuela. Los dos se las ingeniaban para usar las cosas de una forma curiosa. Así como mi abuelo esgrimía su bastón, mi abuela tenía sus medias. Las medias de mi abuela eran el hilo mágico que los tenía unidos a ellos y a todas las cosas de la casa. Las medias de mi abuela eran la solución para muchos problemas, pero no para todos». Se nos presenta una frase por página, aproximadamente; pero mientras, en la ilustración, van pasando muchas cosas que también cuentan. Por ejemplo, que la lluvia anunciada por las guardas ya ha llegado, antes a la imagen que a la palabra.

En este punto, ya hemos podido disfrutar de mucho. Por ejemplo, de un efecto de zoom hacia fuera: la página inicial (derecha) se centra en el bastón; de la segunda a la séptima son tres dobles páginas de fondo consecutivo, que nos permiten ver el campo a un lado de la casa, la casa en el centro y el campo del otro lado; la siguiente doble página nos lleva aún más lejos, a la casa vista entre las montañas; y en la siguiente nos encontramos, por fin, dentro. Y llueve; dentro, también. Todo lo hemos visto con colores de otoño; pero una foto en la pared introduce a los niños y el verano y unas canicas colgadas (en unas medias de la abuela, claro está) anuncian un repentino estallido de colores que (como anunciaban las guardas) recuperamos al final cargado de sentido, como metáfora plena del calor que se deriva de la relación familiar y la fuerza del recuerdo.

En todo esto hay un aspecto clave: lo que en esta descripción con palabras es farragoso, la ilustración lo muestra con perfecta claridad. Y no solo esto, sino más. Si visualmente las tres primeras dobles muestran un panorama estático, narrativamente hay una sucesión de acciones distintas del abuelo y la abuela, una por cada página izquierda o derecha, que cuentan sobre todo los arreglos caseros con el bastón y las medias (caminar, ayudar a un gato, besar, montar un gallinero, tender y recoger la ropa, transportar cazos). Otros se cuentan sin acción asociada, como producto ya terminado, sobre todo los múltiples usos de las medias, como apuntalar arbolitos, colgar cuadros y canicas; son elementos que invitan a la observación y que también cuentan, a lo Guadiana, con reapariciones: el paraguas se usa para la lluvia (dentro de casa) y para recoger melocotones; el pájaro, el gato y el perro también nos muestran su vida… En todo el libro, las transiciones visuales son particularmente afortunadas: la foto que anuncia a los niños aparece en color, en la misma posición, en verano; la cometa que volaba por los aires en verano se ve rota y apagada cuando acaba esta estación; otro zoom inicial invita a preguntarse qué está pasando, cuando vemos al abuelo y al perro estirando de algo…

El aire realista general apenas se rompe, pero lo hace significativamente en dos puntos, al menos. Por un lado, de manera evidente, en la ilustración final, que mezcla verano e invierno como mezcla presente y recuerdo, y convierte el interior de la casa en algo tropical, pleno de fuerza, por contraste con el color otoñal de la mayoría de la narración. Por otro, en la integración del ser humano, con su entorno, hay un árbol que recuerda claramente la figura del abuelo y así lo vamos viendo, de más cerca y más lejos, en una u otra perspectiva, en invierno pelado y en verano frondoso.

En su conjunto, pues, en lugar de hablarnos de lo chachi que son los abuelos, como pudiera parecer en un vistazo injusto, el álbum nos habla de la vida en general, tal cual pasa, con las dificultades y sobre todo la hermosura, la felicidad y la alegría de la vida compartida, con las huellas que dejamos unos en otros. Todo con una concisión, elegancia y multiplicidad de líneas coordinadas que, personalmente, me ha parecido admirable.

4 comentarios en “En casa de mis abuelos

  1. Martha Cecilia Millan Paz
    28/10/2013 a las 02:08

    Excelente texto con una inmensa riqueza narrativa acompañada de ilustraciones hermosas que conectan a los niños con su propia realidad logrando una verdadera subjetividad para su formacion integral desde proyectos de sociales y lenguaje. Muchas gracias por tan hermoso material que queda en el corazon de maestros y alumnos. Felicitaciones a las autoras.

  2. 16/12/2011 a las 23:39

    Tú lo dijiste Darabuc: “lo que en esta descripción con palabras es farragoso, la ilustración lo muestra con perfecta claridad”. Me fui al sitio web de la ilustradora y pude ver con claridad lo que estabas describiendo. Chagallianas y con mucho movimiento son las ilustraciones de esta artista. Talentosísima. Buscaremos el libro, para tenerlo, gracias!

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