Elio, una historia animatográfica

Elio. Una historia animatográficaDiego Arboleda
Ilustraciones de Raúl Sagospe
Madrid: Anaya, 2017

Existen pocos, muy pocos, autores que son capaces de crear un mundo diferente, todo un universo, a través de sus obras. Diego Arboleda es uno de estos autores. Junto al ilustrador Raúl Sagospe, Diego es el creador de un mundo propio. Después de media docena de colaboraciones conjuntas, es reconocida la interacción entre escritor e ilustrador, entre texto y dibujo. En Babar se puede leer una entrevista en la que ambos hablan sobre este tema.

Cada propuesta, cada libro, es una oportunidad para mirar por un agujerito una parte de ese universo. Este se ambienta principalmente y hasta el momento entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Está poblado por personajes excéntricos como el larguirucho trepaparedes de Stilt o singulares como la Alice que se parece a Alicia; y algunos realizan saltos invisibles o regentan balnearios entre un libro y otro. Y está plagado de mecanismos imposibles: una máquina para escribir en las hojas que caen de un árbol en otoño; o que uno desearía que existieran en la realidad, como un “convencedor de nubes”, para que no llueva encima de la escuela.

Sin embargo, en este mundo aún queda espacio para reflexionar sobre la creatividad a la vez que se despierta la curiosidad, las ideas descartadas por el escritor en esos papeles arrugados que hasta que no abres no sabes lo que hay dentro; o para defender la imaginación: “¿A quién se le ocurre prohibir que los animales hablen?”, protesta un personaje. Posee también cierto grado de feminismo, ya que sitúa a mujeres en roles que la época histórica les negaría mayoritariamente. La famosa saga de las inventoras Vapour podría servir de ejemplo, o también la Sociedad Secreta SSSCH, compuesta solo por mujeres.

Elio. Una historia animatográfica

Diego “habla” a los niños desde sus textos, los interpela constantemente, les pide que cambien la primera letra de su nombre por una V o que se fijen en los dibujos; y juega con ellos inventando palabras como “descazadores” o “masomenosentender”, pero, como bien sabía W. H. Auden, “No hay buenos libros que sean solo para niños”. Cabría preguntarse: ¿cuántos adultos se adentran en el universo de Diego Arboleda? Porque más allá de los fondos históricos como la Revolución Industrial, u homenajes como el del Guernica, los lectores adultos disfrutarán en el mundo propuesto por el escritor, sonreirán ante su humor, que a alguno de ellos le recordará al de los hermanos Marx, y otros fantasearán con una adaptación al cine de Prohibido leer a Lewis Carroll dirigida por Wes Anderson, tal cual hizo con Roald Dahl.

Y hablando de cine llegamos a la última entrega del tándem Arboleda-Sagospe: Elio, una aventura animatográfica. Elio se presenta como un niño dickesiano, más pobre que una rata. Y esto es literal y no metafórico, porque la rata tiene al menos un mendrugo de pan. Ve el mundo en blanco y negro, que también es literal, pues sufre de acromatopsia, o dicho de otra manera, es capaz de ver los grises. Su vida, que transcurría en un decrépito orfanato, cambia cuando es adoptado por un hombre capaz de seguir serio mientras reía y una mujer que sonreía cuando hablaba en serio. Y mientras todo esto sucede, los hermanos Lumière presentan el cinematógrafo en París.

Como en obras anteriores, el escritor emplea varios eventos reales en una reivindicación habitual. En la entrevista antes citada, explica: “La historia de la humanidad es una mina, repleta de momentos mágicos y delirantes. Sobre todo la historia con minúsculas, la de los soñadores, los desconocidos y los perdedores. En nuestros libros algunos de los sucesos más inverosímiles son los que ocurrieron en realidad”. En esta ocasión, la acción se sitúa en medio de ese torrente convulso de creaciones que reproducían imágenes en movimiento, y Diego utiliza el más desconocido de todos, el animatógrafo. Y confronta magia y ciencia porque, en sus inicios, el cine era a la vez una atracción de feria y un avance científico, como algunas creaciones contemporáneas de Nikola Tesla.

Elio. Una historia animatográfica

Pero aún hay más, hay sociedades secretas, un circo al que el protagonista tiene que acudir a escondidas; y un misterio que incorpora a la propia Reina regente. El compañero de lápices habitual de Diego, el ilustrador Raúl Sagospe, luce dibujando los numerosos momentos de acción de la trama, cercanos al slapstick, en otro paralelismo cinematográfico; desde las habilidades de las componentes de la SSSCH con los paraguas a los malabarismos de los artistas circenses; en dobles páginas que van de la oscuridad del orfanato “triplántido” a la luminosa recreación del desaparecido Circo de Price.

Dice Elio en la novela que las historias animatográficas pasan desapercibidas. No ocurre lo mismo con las obras que componen el universo de Diego Arboleda.

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