El sueño interminable

Yvan Pommaux
Caracas: Ediciones Ekaré, 2002

Había una vez-Hollywood- Paris- Había una vez

En 1946 el cineasta Howard Hawks hacía suya Big Sleep, una novela del gran Raymond Chandler. En su película, Humphrey Bogart interpretaba al astuto detective privado Philip Marlowe, Lauren Bacall era Vivian Sternwood Rutledge y todo un elenco de actores maravillosos daban interpretaciones igualmente maravillosas de uno de los guiones más confusos de la historia del cine noir. Más de cuarenta años después Yvan Pommaux -un autor-ilustrador francés amante de esos años dorados de detectives duros y mujeres seductoras en peligro- retoma Big Sleep para homenajearla en Le gran sommeil, un libro para niños.

Le gran sommeil, traducido por Ediciones Ekaré como El sueño interminable, es el tercero de una trilogía. Los dos primeros son Detective John Chatterton y Lilia. En los tres Pommaux recrea los años dorados del cine americano de manera tal que es capaz de transportarnos a los años 40, pero también a una realidad paralela del Hollywood que roza con los cuentos de hadas. Hombres, mujeres y toda clase de animales coexisten como en tiempos primordiales, de creación. Como congelados en el tiempo, sus personajes masculinos visten gabardinas y llevan sombrero de pajarilla; los femeninos usan talleres ajustados que entallan voluptuosas pero elegantes figuras.

En el marco de este mundo, los asesinatos familiares de Big Sleep son sustituidos por el temor de unos padres ricachones de que su tierna hija entre en un sueño interminable. Marlowe (Bogart) es cambiado por el felino e intrépido Chatterton, un detective quien también se dedica a salvar damiselas en desgracia, pero cuyos enredos -a diferencia de oscuros crímenes relacionados con drogas, sexo y dinero mal habido caracterizan las historias inspiradas por Chandler- involucran hadas y encantamientos. No hay una seductora hermana mayor que hable con doble sentidos como Lauren Bacall… En cambio, hay un Chatterton contratado por el papá de una virginal quinceañera para evitar que ésta se encuentre con el huso de una rueca que puede sumergirla en un sueño interminable…

¿Les suena familiar? No hace falta ser Chatterton para captar el guiño metaficcional: las referencias al cuento de Perrault son bastante explícitas. En el mundo de Pommaux todo tiene sus equivalencias. Caballeros, cortesanos y demás personajes son aquí gente común y seres antropomórficos que deambulan por una París de acartonada escenografía. La bella durmiente es una linda muchachita rubia que va con patines en línea de un lugar a otro. El príncipe es el jovencito quien la espera pacientemente todas las tardes en el mismo café parisino. Ambos se gustan pero son muy tímidos e inexpertos para iniciar una conversación (mucho menos un romance). La torre del castillo donde queda escondida la última rueca es sustituida por un tienda de antigüedades que mágicamente se llama “Había una vez…” Sin embargo, la resolución es la misma: un beso de amado que cura cualquier sueño o maleficio.

Como en la película de Hawks, el libro de Pommaux tiene una lógica casi onírica que permite que lo inexplicable tenga sentido. El huso de rueca y una cama especial de princesa encantada en medio de una tienda de antigüedades encajan. No estorban ni el rosal de espinas que crece a la velocidad de la luz, ni el sueño pesado que hace dormir una París verde, parda y los animales-personas que la habitan.

Contada como un cómic, este libro álbum parece un remake casi fílmico de una historia que todos conocemos tan bien, pero que aquí se vuelve extraña: se reinventa. Se vuelve, verde, se vuelve animal, se vuelve ironía, se vuelve sueño, sino interminable, al menos inagotable.

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