El señor Bello y el elixir azul

Paul Maar
Ilustraciones de Ute Krause
Traducción de María Falcón Quintana
Madrid: Siruela, 2006

Es difícil hacer una reseña de esta obra sin desvelar parte de su misterio, tanto que me temo que es imposible. Lo cierto es que la cuarta de cubierta ya nos revela que debido al misterioso elixir azul el perro Bello se convierte en un hombre. Dicho esto, así de entrada y sin anestesia, podemos pasar a comentar un libro excelente que tiene en esta situación ridícula el punto de inflexión desde el que tratar muchos otros temas.

El narrador de la historia es Max, que a la vez que nos relata las historias del perro convertido en hombre, nos va describiendo su mundo. Las relaciones familiares juegan un papel fundamental, la madre de Max les abandonó hace tiempo por un cazador de cocodrilos neozelandés y él vive solo con su padre. Así la asistenta tiene un rol fundamental, pero también la vecina recién mudada, incluso los servicios sociales. También el mundo escolar y sus malos tragos tienen un lugar en el discurso del narrador que, a pesar de tratar temas conflictivos, conserva siempre un tono humorístico que consigue desdramatizar todas las situaciones.

Además del particular punto de vista de Max, es muy interesante, y ciertamente más original, el punto de vista del señor Bello. Su particular visión “perruna” del mundo pone de manifiesto lo ridículos de muchos de nuestros comportamientos, a la vez que sus actitudes llevan a situaciones muy cómicas que inevitablemente hacen reír al lector.

Sin embargo, el aspecto más interesante y donde reside la mayor parte del humor está en la cuestión del lenguaje. El señor Bello habla como nosotros, pero de una forma particular. Eso provoca que sus parlamentos, aunque totalmente legibles, sean a la vez muy graciosos y divertidos. Desconozco cómo sería el original, pero sin duda la traducción de María Falcón Quintana consigue un muy buen efecto. Las alteraciones vocálicas sobre todo te hacen entrar en el discurso del señor Bello y a menudo te encuentras pensando como él hablaría.

Tampoco podemos olvidar las ilustraciones de Ute Krause, sencillas y muy expresivas, que refuerzan el humor de la novela y ponen en imágenes lo ridículo de ciertas escenas.

Por ultimo señalar que también  contribuye al tono humorístico de esta novela su ritmo, que va creciendo a medida que avanza. La inclusión de nuevos personajes provoca un desenlace final con entradas y salidas, personajes escondidos y casualidades que lo hacen muy cercano a la comedia de enredo.

En fin, una novela muy recomendable para todos los públicos.

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