El libro oral de los narradores

Quipu-Inca

Grabado del siglo XVI mostrando un chasqui, mensajero inca, con quipus en su mano izquierda.

Gracias a los narradores orales, la memoria, los mitos y las leyendas se fueron transmitiendo de generación en generación. En la antigüedad ocupaban un rango social alto, y su labor era de gran importancia, ya que eran los encargados de educar y mantener vivas las tradiciones.

Como decía G. Calame-Griaule: “El buen narrador, el que merece ser llamado «boca dulce como la sal» es aquel que cuenta sin equivocarse una sola vez, yendo hasta el final con un hablar de lo más claro. […] Cualquier error, cualquier corrección, cualquier retroceso, cualquier contaminación con otro cuento (como hacen a menudo los niños) molesta al auditorio, que lo nota inmediatamente”.

La figura del narrador oral ha existido desde el origen del ser humano. El narrador en la Edad Antigua, antes de la invención de la escritura, tenía que guardar en su memoria prodigiosa toda la información acerca de los mitos, leyendas y tradiciones. Y es aquí donde aparece el primer problema del ser humano a la hora de transmitir y conservar la información: la fragilidad de la memoria.

Para ello, los narradores se formaban en grupos de dos personas, con el fin de que si uno olvidaba una parte de la historia, su apoyo le ayudase a continuar narrando. Pero como ya hemos dicho, la memoria es débil y este sistema de comunicación y transmisión comenzó a fallar. Comenzaron a darse alteraciones en los mensajes y es aquí donde se originaron las distintas variantes de las historias.

En la Edad Antigua, con el fin de conservar los mensajes y ayudar a la memoria, el ser humano comienza utilizar elementos para plasmar su tradición y memoria. Los primeros elementos fueron los monumentos y esculturas pétreas. Los monumentos a lo largo de los siglos nos han dado a conocer las costumbres, y las esculturas nos dieron a conocer su historia, sus creencias, sus mitos.

En las pinturas rupestres como las de Altamira de la prehistoria nos encontramos junto a las representaciones de bisontes, mamuts y ciervos, figuras geométricas como conos, cuadrados, rectángulos y también símbolos desconocidos para el ser humano actual, que se nos muestran en secuencia. No sabemos con exactitud sus significados, pero sí que nos muestran la necesidad de conservar la información.

Las culturas se van formando por toda la Tierra, y todas ellas tienen en común la búsqueda estable para conservar y transmitir la información. La figura del narrador oral se encuentra en todas las culturas, y a su vez comienzan a desarrollarse distintos objetos que, debidamente manipulados, cumplían con la función de ser un apoyo en la memoria del narrador. Lo curioso es encontrar estos objetos en puntos del planeta tan alejados como Perú, Norteamérica, Australia y África. Estos objetos son los que llamamos mnemotécnicos.

Gracias a los objetos mnemotécnicos los narradores pudieron conservar los detalles de los mitos y leyendas con el fin de seguir transmitiéndolos de generación en generación.

En Perú, los incas utilizaban el quipu (palabra quichua que significa nudo). El quipu está formado por cordeles anudados de distintos colores, tamaños y grosor. Se encuentran unidos a un cordel principal del cual penden. Según la disposición de los nudos, colores, grosor y longitud, se constituye un conjunto de signos que relatan acontecimientos históricos, leyendas y mitos de la naturaleza e incluso cálculos numéricos.

En Norteamérica, los indios iroqueses utilizaban el wampun, un chal o cinturón de tela bordados con conchas y vidrios de colores que se utilizaban para narrar historias. Los indios dakotas utilizaban los winter counts, pieles de animales donde dibujan acontecimientos importantes y mitos de la naturaleza con el fin de explicar los fenómenos atmosféricos.

En Australia encontramos los message stick. Se trata de una pieza de madera en la cual se grababan muescas. Las muescas iban marcando los detalles y las acciones en las historias de los narradores orales.

En África, los ritmos del tambor actúan como medios mnemotécnicos. La mayoría de las lenguas africanas son lenguas tonales, por ello los tambores, en diversos tonos, pueden llegar a repetir frases que estén más o menos estereotipadas.

Nos encontramos ante sociedades ágrafas las cuales desconocían la escritura. Estas sociedades pre-literarias tenían la necesidad de transmitir ideas y, lo más importante, conservarlas. Es curioso cómo esta necesidad es innata en el ser humano, y prueba de ello es su desarrollo en las distintas sociedades y partes del mundo.

Ana Salguero Palacín

Narrador de cuentos de la tribu de los Sioux (ilustración de Ana Salguero Palacín)

En esta ilustración de Ana Salguero Palacín, realizada expresamente para este artículo, vemos representado a un narrador de cuentos de la tribu de los Sioux (indios iroqueses), los cuales utilizaban el wampun para narrar historias. Vemos cómo muestra el cinturón a unas niñas, las cuales están muy atentas a la historia que se les narra. Que sean dos niñas las que están escuchando no es casual, esto se debe a que en la mayoría de las sociedades ágrafas las mujeres contaban con un papel muy importante para transmitir estos cuentos y conocimientos de generación en generación. De manera que en la escena encontramos un momento muy significativo: educar para que la memoria siga viva.

Son varias las razones por las que he optado por centrarme en un indio Sioux. En primer lugar, por el laborioso trabajo artesanal que hay detrás de cada wampun. Estos objetos eran bordados y cosidos a mano, eran piezas únicas, se les añadía las conchas y los cristales para resaltar los detalles de las historias y, lo más importante, la memoria prodigiosa de estos narradores a la hora de recordar el significado de cada puntada de hilo, de cada concha y de cada cristal. Otra razón es el deseo de acercar una cultura bastante alejada de la nuestra y poder así recrearla en esta escena familiar.

Al igual que los libros son el soporte para la memoria de los narradores actuales y de aquellos que se gestaron a raíz de la invención de la escritura, las figuras pétreas, las pinturas y sobre todo los objetos y medios mnemotécnicos fueron sin lugar a dudas el libro oral de sus narradores, soolo hay que echar un vistazo a nuestra ilustración para poder comprobar que es así.

Message Stick

Message Stick en el Queensland Museum (Australia)

Bibliografía

  • Martínez de Sousa, J. (1987): Pequeña historia del libro. Asturias: Ediciones Trea.
  • González Alcantud, J. A. (1995): “Oralidad: tiempo, fuente, transmisión”. En A. Aguirre Baztán (ed.): Etnografía. Metodología cualitativa de la investigación sociocultural. Boixareu Universitaria. Barcelona, pgs. 142-150.
  • Le Goff, J. [1977]: El orden de la memoria. El tiempo como imaginario. Paidós.Barcelona, 1991.
  • Vansina, J. [1966]: La tradición oral. Labor. Barcelona, 1968.

2 comentarios en “El libro oral de los narradores

  1. Maria
    11/07/2018 a las 11:52

    Que articulo mas bonito y sobre todo me encanta que nos acerque otras culturas.
    La ilustración es perfecta para el texto, a la vez que preciosa!!

    Felicidades a ambas por el trabajo.

  2. Elida
    10/07/2018 a las 00:38

    Muy interesante el artículo. Me ha resultado de gran utilidad ya que soy narradora oral.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *