El ladrón del fuego

El ladrón del fuegoTerry Deary
Madrid: Anaya, 2010

La historia se sitúa en Ciudad Edén, en 1858. Una ciudad en la que se pisa suciedad y lodo, la oscuridad está presente en la neblina y el hollín y los mendigos pasan frío, los borrachos llenan los bares y los escasos ricos cuentan con la ayuda de las instituciones, policía incluida, para sus fechorías de guante blanco. Muy “dickensiano” todo. Por cierto, el escritor aparece en un capítulo como convidado de piedra pero pendiente observador,  para ilustrar aún mejor el ambiente.

Y en este escenario se dibuja la figura de Jim, un adolescente que quiere ser escritor y así nos narra estas andanzas en las que, ¡sorpresa!, como coprotagonista tenemos al mismísimo Prometeo con un buen par de alas, con las que vino volando desde la Grecia clásica y su mitología para componer una muy divertida aventura que se encuentra entre la comedia de situaciones comprometidas llenas de picaresca, y el viaje iniciático de enfrentarse a un mundo sórdido y salir renovado como si de una asfixiante crisálida se tratara.

No se queda el reparto del libro en estos dos interesantes personajes, sino que se pasea toda una galería pintoresca con el tutor que lo apadrina (Tío Edward, Jim es huérfano), la chica que da el contrapunto, los grotescos ricos a los que el chico y su supuesto tío los aligeran de riquezas, los personajes de la taberna, los policías,…

Este planteamiento de joven narrador con pretensiones de gran escritor, que ha de situarnos en el mundo original de Prometeo y lo que pasó y esta realidad actual en la  que él se encuentra, intercalando a pie de página sus comentarios por lo escrito o lo vivido, se aprecia desde las primeras páginas del libro .

Y, volviendo al contenido, ese resultado de sumar lo histórico y mítico con lo escabroso y con el humor subrayándolo, todo es la marca de la casa de este escritor  inglés. Deary tiene un completo currículum como actor, director, guionista y escritor: 180 libros publicados, traducido a 28 idiomas, con más de 500 ediciones y ventas millonarias, sobre todo de su serie Historias Horribles. Ha ganado numerosos premios, incluyendo el Premio Blue Peter al mejor autor de no-ficción del siglo, y ha sido considerado por los jóvenes lectores con un sobresaliente por sus libros de no ficción. Títulos como Esos depravados romanos o Esa salvaje Edad de Piedra nos dan idea de cómo su manera de contar la Historia puede resultar irresistible para niños y no tan niños.

Pero junto a lo anterior, El ladrón del fuego (primer título de una trilogía) va a resultar una obra original, que va a ponderar mucho los valores de amistad y lealtad precisamente como contraposición al escenario de egoísmo en el que se desarrolla la trama, y a poner en solfa la falsa moral tras la que se esconden a veces los mensajes institucionales, por lo que se presenta como un libro muy rico para los lectores de doce años en adelante que disfrutarán hasta reírse y que se verán muy atraídos por el formato: de pequeñas dimensiones, con tapa dura y una potente ilustración de cubierta (de autoría no acreditada) que, una vez leído, invitará a seguir con los siguientes títulos.

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