El hombrecito vestido de gris se viste de largo

El hombrecito vestido de gris (Fernando Alonso)Fernando Alonso
Ilustraciones de Ulises Wensell
Pontevedra: Kalandraka, 2014
Premio Lazarillo 1977

El hombrecito vestido de gris y otros cuentos, de Fernando Alonso, terminó de imprimirse el 28 de abril de 1978 y a las pocas semanas llegaba a las librerías de la mano de la editorial Alfaguara, dirigida entonces por Michi Strausfeld, en aquel diseño emblemático de Enric Satué que con el paso del tiempo todos llamábamos coloquialmente “Alfaguara Naranja”.

Aquel año, en el Salón del Libro Infantil que se celebró en el entonces Centro Cultural de la Villa de Madrid, actual teatro Fernán Gómez, regalaban este libro a los grupos escolares que visitaban el salón. Yo, maestro de la escuela pública, visité esta exposición, y para muchos de mis alumnos ese era el primer libro de literatura infantil que entraba en su casa.

Este año, pues, nuestro hombrecito cumple treinta y seis años, y la editorial Kalandraka ha decidido vestirlo de largo, en una nueva y bellísima edición en tapa dura, pero conservando las excelentes ilustraciones de Ulises Wensell. Enhorabuena por la iniciativa y gracias por ella.

Hablar de El hombrecito vestido de gris es hablar de un libro fundacional y de una referencia ineludible en la literatura infantil española. Bien es cierto que ya antes se habían publicado otras obras, alguna de Fernando, y de otros autores, que constituyen el itinerario obligado de la breve historia de la literatura infantil en España. Pero este libro, el número once de la serie y el primero de un autor español en la muy larga y excelente colección de Alfaguara –tanto de la naranja como de la roja– que durante muchos años fue la única muestra en este proyecto editorial del quehacer de nuestros escritores, es un libro, a mi juicio, especial y muy importante.

Hacía sólo tres años que había muerto el dictador, vivíamos tiempos de convulsión, cambio y esperanza, y este libro de relatos fue una metáfora exacta de la atmósfera que se respiraba en la calle. A día de hoy, muchos de los dilemas que Fernando plantea en estos cuentos siguen estando vigentes: los ontológicos –el amor, la ternura, el valor de palabra, la solidaridad… – y los circunstanciales o temporales –la justicia, la democracia, la libertad…–, pues el drama vital del ser humano es ajeno al tiempo, y la situación social y cultural en España, habiendo cambiado mucho, conserva rasgos y trazas de lo que entonces aún era. Parece como si la alargada sombra del franquismo, tan presente en aquellos momentos, todavía no se hubiera desvanecido del todo y siguiera impregnando muchos de los comportamientos de bastantes responsables políticos y otras instancias del poder.

Los ocho relatos que componen este volumen son ocho pequeñas líricas piezas de relojería, cada una con su exacto mecanismo. En ellos se muestran con absoluta transparencia las señas de identidad de ese estilo tan característico de Fernando, que en sucesivas obras, especialmente en sus libros de cuentos, vamos a ir encontrando. Un estilo en el que lo formal cobra una importancia evidente, pues es desde esa narrativa sugerente, concisa, escueta y poética, que Alonso construye unos personajes que nos comunican sus inquietudes, sus anhelos, sus encrucijadas, con una verosimilitud de crónica y, al tiempo, con una belleza literaria de obra canónica.

Aquí, nuestro autor considera que los niños son seres inteligentes y les mira con sus palabras, a los ojos, y les ofrece un discurso complejo, elaborado, y que plantea enigmas al lector, como toda la buena literatura. Nada que ver con tanta estupidez transversal posterior, en libros llenos de los valores hipócritas de esta sociedad cada vez más prisionera del lenguaje políticamente correcto.

Lo mismo podemos decir de los excelentes dibujos de Ulises Wensell, de una factura lírica y expresionista, tan emparentada con algunos de los grandes dibujantes de las vanguardias europeas de entre guerras. Dibujos completamente alejados de tantas y tantas ilustraciones blanditas y cursis que han contaminado durante todos estos años el imaginario infantil.

Una publicación, esta de Kalandraka, que hace honor a sus contenidos –literarios y gráficos–, pues en ella la calidad de la edición se pone al servicio de una obra sin edad, para niños y adultos, para los que no la conozcan y para los que la hayamos leído múltiples veces, en nuestro silencio privado, o a los alumnos, como modelo de lo que es la belleza literaria.

Y un último comentario: este volumen contiene, a mi juicio, dos de los cuatro relatos más hermosos de la literatura infantil española: el primero, que da título al libro, y el último, “La pajarita de papel”. Los otros dos son de Juan Farias y están en el libro que le mereció en Premio Nacional de Literatura Infantil en 1980, Algunos niños, tres perros y más cosas, y son: “La larga siesta de papá” y “Una cinta azul de dos palmos y pico”.

Enhorabuena, Fernando, por esta excelente edición, y felicidades a los compañeros de Kalandraka por ella.

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