El hombrecito verde y su pájaro

El hombrecito verde y su pájaroLaura Devetach
Ilustraciones de Natalia Colombo
Buenos Aires: Loqueleo, 2014

Hay muchos motivos por los que El hombrecito verde y su pájaro, publicado originalmente en 1987 es, sin duda, una experiencia valiosa en la vida de cualquier niño o adulto lector. Con sencillez, Laura Devetach logra desenvolver temas como la aceptación de uno mismo, al contar las peripecias del hombrecito verde.

El narrador da inicio al relato con la explicación de por qué decidió escribirle un cuento al hombrecito, quien se sentía muy solo. Este recurso es propio de la autora, la interacción directa entre narrador y personajes. La cadencia del texto resulta repetitiva en un comienzo, cuando se describe cómo es la casa y la vida del protagonista: la palabra “verde” o “verdemente” aparecen constantemente, no solo para demostrar una monotonía predominante, sino también para generar un ritmo estable. No es hasta que su pájaro picotea un colorido racimo de uvas, origen de todos los problemas, que la monotonía se empieza a disipar, permitiendo que el cuento se vaya abriendo como un abanico, presentando nuevos espacios y personajes.

Mientras que los primeros capítulos se enfocan en el hombrecito verde, su verde casa y sus miedos, en la segunda parte del cuento, el barrio, el limonero y las expectativas de los vecinos empiezan a jugar un papel importante. El pájaro es un elemento disruptivo que viene a alterar la estructura, no solo del hombrecito verde, sino también del vecindario, desafiando el orden y funcionando como amenaza para los más conservadores. No es el primer cuento en el que Devetach cuestiona el orden y los tradicionalismos represores.

Tanto el vecindario como el hombrecito verde comienzan a cambiar de opinión acerca de la intromisión de colores en sus vidas. Un orden impuesto de antemano, que era cómodo, no les había dejado conocer nuevas posibilidades que, por miedo, creían que podrían resultar peligrosas. El hombrecito verde, ante esta nueva perspectiva, pasa de una posición extremista a otra: de no aceptar nada que no fuera verde, a querer deshacerse de todos los objetos que fuesen de este color. Finalmente, llega a un equilibrio donde comprende que ni el exceso ni la falta del verde son la solución, sino la armonía de todos los colores, la convivencia de la novedad y las viejas costumbres.

Este cuento no está escrito para dejar moralejas, sino enseñanzas. Generalmente, los cuentos infantiles tienen como objetivo plantar valores, dejando en claro el camino hacia ese efecto-consecuencia que aparece al final de la historia. Sin embargo, Devetach relata con sutileza esta aventura. No hay un castigo, un villano, o una larga travesía que cumplir. Nada más la experiencia de cambiar, de temerle a lo nuevo, a lo distinto a uno. Aparecen diversos problemas en simultáneo: las expectativas que tenemos contra lo que esperan de nosotros, el qué dirán de nuestras elecciones, la diversidad y la tolerancia.

Todos estos ingredientes dan como resultado un relato lleno de pequeños detalles, dirigido a un lector ávido y despierto. Una verde historia atrapante, capaz de cautivar a un niño que empieza a dar sus primeros pasos en el mundo de la literatura, como a un adulto que busca encontrar un poco de esa dulzura infantil que solo este tipo de cuentos pueden ofrecer.

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