El festín de Babette

El festín de Babette (Isak Dinesen)Isak Dinesen
Ilustraciones de Noemí Villamuza
Traducción de Francisco Torres Oliver
Madrid: Nórdica Libros, 2006

Isak Dinesen incluye, junto con otros tres, este relato en su libro Anécdotas del destino*, escrito originalmente en inglés. Ahora Nórdica nos ofrece una cuidada edición en la cual la calidad del papel, el generoso cuerpo de letra, la tapa dura entelada y la atractiva sobrecubierta forman el umbral perfecto para adentrarnos en esta maravillosa historia de esa cazadora de sueños que “tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong”.

Las dos hijas de un pastor luterano que había fundado en el pueblo noruego de Berlevaag un grupo de fieles piadosos, le han sobrevivido y mantienen la memoria de su padre así como las enseñanzas y prácticas religiosas que aquél había iniciado. La caridad y la austeridad son las normas de vida de Martine y Philippa.

Estas dos mujeres, que en su juventud habían sido muy hermosas “con esa belleza casi sobrenatural de los frutales en flor o de las nieves perpetuas”, han renunciado al amor que dos hombres les habían ofrecido. Y será uno de éstos, el cantante Achile Papin, quien, por medio de una carta, les ruega que acojan en su casa a una mujer, Babette,  que llega al pueblo huyendo de la Comuna parisina, a consecuencia de cuyos acontecimientos habían muerto su esposo y su hijo y, ella misma, habría sido acusada de comunard. No sin cierto recelo aceptan a la mujer bajo su techo y ésta les sirve con fidelidad y desprendimiento durante quince años.

En ese momento, cuando se cumple el centenario del nacimiento del fallecido padre y pastor, Babette pide permiso para celebrar la efeméride con un banquete. No pueden negarse al ruego de su sirvienta por más que lo consideren un dispendio pecaminoso e innecesario, es la única cosa que ella les ha pedido en todo aquel tiempo en que les sirvió con total abnegación.

Las dos hermanas asisten escandalizadas a los preparativos del festín que se materializa en las más exquisitas viandas y bebidas traídas expresamente de París y costeadas con el dinero que Babette ha obtenido como premio de un billete de lotería.

Llega la noche señalada y a la casa amarilla del pastor acuden los seguidores de sus enseñanzas, que se sientan a la mesa, en la cual van saboreando los deliciosos manjares y los finos vinos que componen el menú preparado por Babette y que no me resisto a reproducir:

1. Sopa de tortuga y Jerez amontillado. 2. Blinis** Demidoff con relleno de caviar acompañado de un Veuve Clicquot Champagne de 1860. 3. Codornices en sarcófago de hojaldre con foigras de trufa y ensalada Pelligrini con un Clos de Vougeot de 1846. 4. Selección de quesos y  Oporto. 5. Torta fermentada de ron con higos secos. Café.

Sólo uno de los comensales, el general Loewenhielm, que cuando era un joven oficial del ejército había pretendido a Martine, alcanza a valorar los manjares que se les están sirviendo. Los hombres y mujeres de Berlevaag continúan con sus conversaciones de costumbre y con sus reparos ante cualquier placer terrenal que se les pueda ofrecer.

Pero ninguno de los asistentes se puede sustraer a un generalizado sentimiento de felicidad que ejerce de bálsamo para las viejas heridas que la convivencia de tantos años en tan pequeño espacio ha ido abriendo. Donde últimamente se había instalado un cercano peligro de desacuerdos graves surge ahora un nuevo ambiente de hermandad.

Cuando Martine y Philippa acuden a la cocina para felicitar a Babette y agradecerle su agasajo, conocerán que el banquete se ha llevado la totalidad del dinero del premio que su sirvienta había recibido. Pero Babette lo tiene por justo pago de la satisfacción que le produjo, tantos años después, revivir los tiempos en que era la famosa y alabada chef del Café Anglais de París. Ha vuelto a vivir la gloria que su arte le había proporcionado, ha dejado salir lo mejor de su genio artístico y eso le produce una felicidad muy superior a la de haber regresado a París y vivir allí una vida en la cual ya no podría ejercer el arte que dominaba. Haber podido preparar aquella cena le ha producido a Babette unos instantes de felicidad mucho más grandes que los que habían sentido los propios comensales.
De la misma forma en que Babette no ha podido ocultar su magnificencia artística, tampoco lo puede hacer Noemí Villamuza al ilustrar esta obra.

Sin alejarse ni un milímetro de la opción gráfica y estética que conocemos en sus obras destinadas al público infantil, acomete la ilustración de este texto con maestría y autoridad.

Un riguroso trabajo de documentación le permite alcanzar un nivel de verosimilitud ambiental que nos sitúa, en consonancia con el texto, en los años finales del siglo XIX. Igualmente ocurre al reflejar la austeridad de las hermanas y, cuando muestra sus rostros, estos nos van narrando las mudanzas que en ellas se producen a medida que la historia avanza.

La gran calidad expresionista de las ilustraciones, que en ciertos momentos nos recuerdan a Edvard Munch como avanzado de esta corriente artística, se acomoda perfectamente a este texto, y, así, el generoso aprovechamiento de las calidades del grafito da a la página una mancha de gran fuerza expresiva. Además, Noemí Villamuza hace un inteligente uso de la línea que enmarca y da calidades narrativas. Valga como ejemplo de esto la ilustración en la que Martine sostiene un farol en la mano y las líneas circulares enmarcan a Lorens Loewenhielm en su halo luminoso, pero al mismo tiempo la composición alcanza un tono onírico que conviene a la narración. Posteriormente esta fuerza expresiva es de nuevo utilizada en el dúo de Philippa y Achile, viniendo la justificación de la misma opción compositiva de la ilustración anterior. O cuando Babette lee la noticia de su premio de la lotería, momento resuelto con un haz de líneas con centro en el papel que la mujer lee.

También es de destacar la resolución que Villamuza adopta para representar la felicidad que sienten los comensales después de la cena, haciéndolo en un baile, a doble página, con danzantes de rostros inidentificables. O la ilustración que cierra el libro en la que vemos una Babette que, sonriente y feliz,  brinda por si misma y por su arte.

Queda sólo felicitar a Nórdica Libros por haber comprendido que el llibro ilustrado no es un producto privativo de los textos dirigidos a los niños, y ofrecernos esta bella obra sobre la imposibilidad de ocultar el genio artístico, porque el arte sólo existe y nos hace humanos cuando se manifiesta libre.

(*) Anecdotes of Destiny, “The Diver”, “Babette’s Feast”, “Tempests”, “The Immortal Story”, “The Ring” (New York: Random House; London: Michael Joseph, 1958); Skaebne-Anekdoter (Copenhagen: Gyldendal, 1960)

(**) Tortas de harina de alforfón.

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