El corazón de Júpiter

El corazón de JúpiterLedicia Costas
Madrid: Anaya, 2018

Isla (un nombre perfecto para alguien que se siente tan aislado) cambia de ciudad y debe empezar de cero en un nuevo instituto. Para compensar este revés del destino, propiciado por la decisión de sus padres de comenzar una nueva vida en un nuevo lugar, tiene su telescopio, con el que se sumerge en los recónditos misterios del universo (una clara referencia a cómo el adolescente se centra, a menudo, en un mundo lejano a su familia, e incluso a él mismo). Casiopea, el nombre de la tortuga mágica de Momo, es el nick que utiliza en los foros sobre astronomía en los que suele participar. En uno de ellos conoció a Júpiter, alguien que parecía saber mucho sobre las estrellas, y con el que mantiene largas conversaciones hasta bien entrada la madrugada. Él es su único consuelo. Entre los dos existe una magia que traspasa las fronteras del ciberespacio. Mar, su única nueva amiga, no se fía, y hace bien en no hacerlo, las cosas en el mundo digital son muy diferentes del mundo real, y una mentira en aquel puede tener graves consecuencias en este.

Este libro cierra cada capítulo con un párrafo de obras muy conocidas. Ya lo he visto otras veces, y el argumento también. La LIJ está llena de historias sobre los mismos temas: acoso escolar (me niego a utilizar el anglicismo con lo rica que es nuestra lengua), los riesgos de Internet, la soledad del adolescente (de hecho, la protagonista se llama Isla), las relaciones, “malas” por supuesto, con los padres, cambio de residencia y de instituto con lo que conllevan ambos, chico problemático cuya familia lo es aún más…

Es una historia previsible, sí, en la que cada paso lleva a otro que se prevé fatal, pero… pero llegamos al desenlace. Es tan sorprendente, desgarrador, demoledor, angustioso, que te deja el alma hecha añicos, y simplemente por eso, por ponerte frente a tus miedos, ya merece la pena. A pesar de su previsibilidad, y de tocar temas que no por ser importantes, dejan de ser cansinos cuando son tan reiterativos, es una lectura muy recomendable.

Si las campañas de la DGT decidieron mostrar con toda crudeza los resultados de los accidentes de tráfico, sin duda este libro hace meditar sobre la necesidad de poner límites a la utilización del mundo digital, sobre todo, porque hay errores que conducen a la tragedia. No estoy muy segura de si la creación de spots tremendamente realistas, o novelas igualmente duras en su relato, ayudarán a los adolescentes a pensar más en las decisiones que tomen, pues lo cierto es que los seres humanos siempre creemos que “eso no me va a pasar a mí”. Tanto los adultos como los adolescentes, creemos que todo tiene solución, sin medir la gravedad de nuestros actos, ni la responsabilidad que tenemos en ellos. Pero, me temo, repito, hay errores que se pagan muy caros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *