El concurso de los abuelos

Pablo C. Reyna
Ilustraciones de Eugenia Ábalos
Loqueleo, 2022

En el Valle de Espistao, famoso por su recierzo, se celebran las fiestas del pueblo con un concurso en el que los niños, organizados en sus correspondientes pandillas, compiten para ver quién se lleva el premio. Cada año el tema es diferente y por ello el anuncio del mismo es todo un evento (casi tanto como el concurso en sí).

Nico, el líder (autoproclamado) de los Urbanitas, está obsesionado con el concurso: no soporta que le ganen sus rivales y, además, es el último año que, por edad, podrá participar, así que se ha propuesto que su pandilla (Carmen, Angi y el recién incorporado Otto) se alce con el premio esta vez. Con lo que no ha contado es que van a partir con desventaja desde antes casi de empezar porque este año el concurso va a ir sobre abuelos, justo lo que, por un motivo o por otro, esta pandilla no tiene.

Para todo hay una solución y el ingenio de estos chicos no tiene límites, así que llegan a la conclusión de que lo más fácil será «alquilarlos».

A partir de este planteamiento, Pablo C. Reyna construye una divertida historia, algo alocada, algo rocambolesca, que engancha, entre otras cosas, por la determinación de sus protagonistas (pequeños y mayores) y por la enorme ternura que se desprende en todas y cada una de las relaciones que se establecen entre ellos.

Los niños necesitan a sus abuelos, y estos, a su vez, necesitan a sus nietos. Se trata de una relación especial, muy diferente a la que se da entre padres e hijos. En este libro, se recopilan muchos tipos de abuelos y abuelas (la abuela molona, el abuelo gruñón, el abuelo que se niega a admitir que es mayor, la abuela que empieza a olvidar…), es una bonita carta de amor a nuestros mayores, una reivindicación de su papel en la sociedad y en la familia, y una crítica (nada velada) a los viejófobos, que temen hasta pronunciar la palabra «viejo» por si se tratara de algo contagioso. Y también es una interesante reflexión sobre lo que esperamos (y a veces exigimos) de los demás, porque los abuelos no son perfectos, ni siquiera los de alquiler, y eso es lo mejor de todo.

Estos abuelos cobran vida gracias a las fantásticas y minuciosas ilustraciones de Eugenia Ábalos: a través de sus dibujos a lápiz se pueden apreciar sus personalidades tan diversas hasta el más mínimo detalle (es una pena que no se puedan disfrutar a todo color, como en la cubierta).

El concurso de los abuelos es sin duda una aventura divertida, original y llena de ternura.

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