El arenque rojo

El arenque rojoGonzalo Moure
Ilustraciones de Alicia Varela
Madrid: SM, 2012

El arenque rojo es un libro peculiar. Es ideal para aquellos que nos podíamos pasar horas entretenidos buscando a Wally incluso después de haberlo localizado. En este caso no hay que buscar a un señor con un jersey a rayas y un gorro, sino a un arenque rojo en medio de un parque… Sí, sí: un arenque paseando por un parque en medio de una ciudad… Como he dicho, es un libro peculiar.

Sin embargo, el arenque es para mí solo una excusa: hay tantas historias y tantos detalles en los que detenerse que al final el arenque acaba por desaparecer aunque siga estando ahí. Y lo mejor: las historias son tantas como nosotros queramos, porque hay tantas historias como personas, y en este parque (un parque cualquiera de una ciudad cualquiera) ahora mismo es hora punta. Hay niños jugando con un balón, madres y padres paseando a sus bebés, parejas hablando plácidamente sobre la hierba, músicos… Los autores nos proponen unas cuantas historias y nos invitan a contar las nuestras propias, porque no todo el mundo verá las mismas.

Las ilustraciones mezclan el realismo con escenas casi oníricas, y los personajes se pasean por distintos planos que a la vez parecen solo uno. La imaginación se dispara tanto por lo que las delicadas imágenes evocan como por lo que nos pueden «recordar»: es muy fácil encontrar aquí un personaje, una escena o incluso un pequeño detalle (como unas sillas verdes típicamente parisinas) con el que sentirse plenamente identificado. Así, cada cual busca sus personajes y se monta su historia… ¡Hasta yo me he identificado inconscientemente con un personaje!

El tiempo no se detiene, la vida en el parque fluye y avanza con el pasar de las páginas como lo hace el arenque rojo entre la gente, recorriendo todas esas historias que están ahí pero que están aún por contar. Porque El arenque rojo no solo es peculiar en cuanto a su planteamiento, también en cuanto a su formato: el peso del hilo narrativo reside en sus ilustraciones a toda página, puesto que ninguna de ellas va acompañada de texto alguno. Los autores añaden al final, a modo de sugerencia, unas cuantas historias como la de La mujer que sentía vieja antes de tiempo o la de El joven poeta que escribía versos ingrávidos o la de El perro y el gato, historias que son el punto de partida para que nosotros aportemos las nuestras propias y las compartamos con ellos.

Un libro hecho casi a medida para el lector que propone tantas posibles interpretaciones como tantas veces recorramos sus páginas. Las opciones son infinitas, así que hay que estar atento, porque, como bien dice el músico Iulian, «cuando aparece el arenque, algo pasa».

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