Editorial Media Vaca

Media-Vaca-LogoVicente Ferrer es el editor y responsable de que estos títulos copen las mesas de las librerías. Una colección de seis libros (por ahora) con una edición muy cuidada y un precio no demasiado popular, que vio la luz entre diciembre del 98 y noviembre del 99, y a la que pronto se añadirán cuatro títulos más.

Con una estética a lo años 30, que recuerda esos libros ilustrados que leían nuestros abuelos, a cuatro tintas, de trazos bastos y pocos colores, los seis volúmenes están dirigidos a un público de lo más diverso. El propio editor, y Atxaga, uno de los autores de la serie, defienden la idea de que los libros no han de ser ni infantiles ni de adultos, sino que han de ser, ante todo, leídos. Da igual quién o cuándo, la cuestión es que un texto admita varias lecturas, y sobreviva al tiempo al igual que lo hacen los clásicos. Y es que esta editorial parte con una intención bien clara: permanecer por muchos años en nuestras estanterías, y ser releída y admirada una y otra vez. Hemos de reconocer que en nuestra opinión lo conseguirán.

El primero de los títulos es No tinc paraules, libro que como el propio nombre indica, carece de texto. Arnal Ballester, ilustrador catalán con un buen número de obras a sus espaldas, nos sumerge en un universo de formas, personajes grotescos y escenas circenses llenas de detalles, guiños y un tanto hipnóticas. A pesar de carecer de una historia explícita, Arnal no se rinde a las normas, y evita un modo de narración visual que haga al lector pasar rápidamente las págianas por averiguar lo que se esconde detrás. Al contrario, las ilustraciones nos detienen, nos hacen perdernos en una maraña de líneas y movimientos, nos obligan a verlas una y otra vez hasta que las aprendemos de memoria. Con todo su silencio, es un libro que dice muchas cosas.

Narices, buhitos, volcanes Narices, buhitos, volcanes fue el siguiente libro de la colección. Es una selección de poemas elaborada por Herrín Hidalgo e ilustrados de manera muy personal por Carlos Ortín. El repertorio va desde Quevedo a Manolito el Pollero, pasando por Gloria Fuertes, Joan Brossa, Edward Lear, Rafael Alberti, Ángel González… Poemas que en principio no tienen nada que ver unos con otros, pero a los que Ortín dota de una continuidad, por otro lado nada homogénea. La versatilidad de este ilustrador valenciano es asombrosa. Desde un dibujo de siluetas totalmente sobrio a viñetas de trazo sucio y feístas llenas de sombras, líneas y detalles. No sólo hay un cambio de técnica, ni mucho menos. El cambio notable es el de estilo. También las formas, la estructura del dibujo: en una página encontramos un juego de la oca y en la siguiente una fachada con versos en las paredes.

Un libro para perderse y masticar durante horas, lleno de buenos poemas, chistes ingeniosos y que además, por si fuera poco, recibió en 1999 el premio que otorga el Ministerio de Cultura a las Mejores Ilustraciones de Libros Infantiles y Juveniles. Toda una joya.

Vicente Ferrer ha rescatado también la obra más popular de Jules Renard, escritor francés nacido a mediados del siglo pasado, Pelo de Zanahoria, una historia sobre la miseria, la ignorancia y la lucha por sobrevivir en un ambiente hostil y despectivo. Basado en los propios recuerdos de infancia del autor, el libro, de unas doscientas páginas, cuenta con ilustraciones de Garbriela Rubio, ganadora del Lazarillo de Ilustración en el 93 por el libro Bzzz… Los dibujos de Gabriela son una radiografía de los gestos, una impresión en dos colores de lo que el texto da a entender. Aunque lo limitado de la gama -ocre y negro- cansa bastante, la pericia con el trazo hace que éstas sigan siendo interesantes.

En definitiva, un testimonio de superación frente a un ambiente hostil con mucho que leer, y que mereció el segundo premio otorgado a esta colección, el del Primer Premio al Libro Mejor Editado, en la categoría de Libros Infantiles y Juveniles, que otorgó el Ministerio de Cultura en 1999.

Alfabeto sobre la literatura infantilCon Alfabeto sobre la literatura infantil Atxaga vuelve a demostrar que sabe lo que se hace. Un texto fluido, cautivador y lleno de ideas, compuesto en forma de río, pues al fin y al cabo, el alfabeto, como el propio autor dice, no es más que un río que nace en la A y muere en la Z. El autor va desarrollando, letra por letra, algunos nombres o conceptos que le parecen especialmente revelantes en su alfabeto sobre literatura infantil. Alicia, Ende, Jaimito, Zazie, Bagdag… son algunos de los términos mediante los que Atxaga va encadenando sus propias opiniones (no en vano, el texto es originariamente una conferencia que Atxaga dio a un grupo de maestros) sobre la literatura mal llamada infantil. En el prólogo hace una declaración de intenciones al respecto en la que nos previene de aquellos que hacen literatura para niños, distinguiéndoles de los adultos, y que resulta bastante convincente. No obstante, la prosa de Atxaga tiene esa capacidad de seducción que nos atrapa y nos va llevando de un lado a otro sin que nos demos apenas cuenta de todo el camino que hemos recorrido. Entre fragmentos de libros míticos, como Las Mil y una Noches, el Pinocho de Collodi, la Alicia de Carroll, vamos siguiendo los argumentos del autor, hasta llegar a la desembocadura que pone fin a un apasionante discurso.

Alejandra Hidalgo, diseñadora gráfica de la colección, recrea con sus dibujos de trazo grueso y colores planos algunas de las letras de este peculiar alfabeto.

El penúltimo título, 100 Gregerías ilustradas está reservado a Ramón y a sus famosas “metáforas+humorismo”. Del texto, evidentemente, no podemos sino alabar o criticar la selección (seamos indulgentes, pues sacar 100 de unas 10.000 no es tarea fácil), ya que todas y cada una de las greguerías están llenas de clarividencia y percepción. El encargado de ello es Herrín Hidalgo, el mismo que escogió los poemas para Narices, buhítos, volcanes.

El venezolano César Fernández Arias, al que muchos reconocerán como ilustrador de El País de las Tentaciones, ha intentado representar, en muchas ocasiones con gran acierto, las ideas que Gomez de la Serna “ordeñó” de cada pelo de su cabeza. Con gruesos trazos y estética “cómic” ha creado viñetas surrealistas que sin embargo se acoplan literalmente al texto. Sin demasiada complejidad en la elaboración, sí tienen el mérito de estar al quite de las palabras de Ramón, y en algunas ocasiones de superarle en maestría. En otras, en cambio, se limita a imitar el texto sin aportar nada. En cualquier caso, es un trabajo agradecido, y un honor para él. El resultado es el adecuado.

Aroma-de-galletasLlegamos al último título, Aroma de galletas, obra del manchego Antonio Fernández Molina, con ilustraciones de Isol. Los textos, pequeños poemas y cuentos breves de tan sólo unas líneas, están sacados de obras anteriores del artista, como Sonetos crudos o Platos de amargo alpiste. Es esta la primera incursión de Antonio Fernández en la literatura infantil, y de hecho el libro es apto para cualquier lector. Ha escrito libros de ensayo, poemas, es traductor y pintor… Así, con esta mezcla, los textos son sorprendentes, desconcertantes, algunos llenos de humor y otros más siniestros, y los dibujos de Isol oscuros, enormes, de vacas paseando o de búfalos relinchando.

Pero ahí no queda la cosa. Pronto verán la luz cuatro títulos más que se antojan iguales o mejores que los ya publicados. Entre ellos, destacamos uno de Miguel Calatayud, titulado El Mundo al Revés, y que promete ser una verdadera obra de arte, y otro de Ana María Matute ilustrado por Javier Olivares, excepcional dibujante dedicado principalmente al cómic pero que ya cuenta en su bibliografía con algunos cuentos para niños, como El Arca de Noemí (Anaya). Además de estos dos, un libro de Elisée Reclus titulado El Arroyo con dibujos de Eloar Guazzelli y una selección (sí, de Herrín Hidalgo) de cuentos de Grimm ilustrados por Oliveiro Dumas.

Esperamos impacientes. Mientras tanto, no dejaremos de leer una y otra vez los títulos que tenemos entre las manos.

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