Diablote

Teresa Duran
Ilustraciones de Elena Val
Barcelona: Ekaré, 2010

Como bien dice el texto de la cuarta de cubierta, “La vida profesional de Teresa Duran, como la de Diablote, transcurre en muy diversos ambientes: la universidad, la sala de exposiciones, la biblioteca pública, la clase de educación infantil. En todos ellos, esta polifacética y reconocida profesora, investigadora, teórica del libro-álbum, diseñadora gráfica, escritora, autora, compiladora y crítica de libros demuestra que posee el don excepcional de jugar, transformar y crear con las palabras”.

Es este un álbum que ya publicó Destino hace unos años, con ilustraciones de Neus Bruguera, y cuya reseña a cargo de Javier Flor podéis leer aquí. Clásico en su estructura, pero moderno en su mensaje y su ambientación, sigue el modelo de repetición en el que un personaje, Diablote, está harto de vivir en el infierno por el calor que hace allí, y va recorriendo distintos lugares hasta que encuentra uno que le gusta. Allí se instala, al menos de momento…

El texto es sencillo, escueto y necesario. No peca de defecto ni de exceso, está perfectamente medido, y sobre él la ilustración de Elena Val va añadiendo y matizando. Unas ilustraciones divertidas, llenas de detalles, donde el color tiene una importancia fundamental (rojo, blanco, amarillo, verde y azul son las tonalidades que se recorren), así como los elementos “paratextuales”. Hay juegos de diseño, como la inclinación de las líneas de texto cuando Diablote salta de un lugar a otro (haciendo una curva ascendente en la página izquierda, y una descendente en la derecha, de manera similar al título que aparece en cubierta). Y también las guardas tienen su sentido, siendo las de inicio rojas y las del final azules.

Diablote, el protagonista, está muy bien caracterizado, y Elena Val ha conseguido darle mucha expresividad a su rostro, que pasa por multitud de estados de ánimo: enfado, atrevimiento, sufrimiento, felicidad, duda, cansancio… A lo largo de todo el libro, la fuerza del personaje resalta por su intenso color rojo, que llama la atención por el contraste con el ambiente (excepto en el infierno, donde pasa más desapercibido. ¿Tendrá esto algún doble significado?).

El inquietante final abierto, en el que unos personajes se acercan por la arena mientras Diablote muestra su cara de consternación tras las páginas de un libro y mira al lector con complicidad, supone un gran broche para un álbum con varios niveles de lectura que los adultos sin duda encontrarán muy significativo, y lleno de alegorías que hablan de nuestra relación con los demás y nuestro sitio en el mundo.

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