Chilindrinas

Tomás Seral y Casas
Ilustraciones de Elisa Arguilé
Colecc. Larumbe Chicos, nº 3
Zaragoza: Prensas Universitarias, 2004

“El libro es el paraíso de la hormiga”. D.N.

Si Ramón Gómez de la Serna inventó la greguería en el balcón de su casa, en un día de verano de 1910; Antonio Pérez Lasheras, responsable de Prensas Universitarias de Zaragoza, ideó esta colección de libros ilustrados (Larumbe chicos) en su despacho, en una tarde de mucho cierzo, en 2001. Abrió un cajón y desempolvó textos de autores poco conocidos. Que no desconocidos. Seguidamente, descolgó el teléfono y llamó a los conspicuos ilustradores.

Inauguró esta ambiciosa colección Fábulas, luego Romances y en tercer lugar, que no medalla de bronce, esta joyita: Chilindrinas.

-“¿Chilindrinas?”
-“Sí, chilindrinas.”
-“¿Tomás Seral?”
-“Y Casas. Tomás Seral y Casas, uno de los eslabones entre el surrealismo de preguerra y el de posguerra.”

T. Seral y Casas (Zaragoza, 1908- Madrid, 1975) fue poeta, galerista, colaborador en diferentes medios de comunicación, fundador de Clan editorial, librero y más cosas. También fue un gran admirador de Ramón del cual obtuvo su bendición. “Entre las últimas greguerías destaco las del joven escritor Tomás Seral y Casas”, aplaudió Ramón.

Porque, para el que no lo haya advertido todavía, las Chilindrinas son greguerías rebozadas con el aire del Moncayo. Son adaptaciones personales de ese género difícil, resbaladizo y minoritario. “Cuando la imagen poética se siente nudista nace la verdadera chilindrina”, afirmaba Seral y Casas.

“La greguería es lo más casual del pensamiento”, sentenció Ramón. Y otro día, este emblema de la modernidad añadió: “Metáfora + Humor = Greguería”

A cada chilindrina le corresponde una soberbia ilustración de Elisa Arguilé. ¿Alguien, todavía, no conoce el trabajo de, tal vez, la mejor ilustradora de nuestro país? Tal vez algunos editores de Madrid y Barcelona.

Amigos, estamos ante la mejor Arguilé. Dibujos que bordean la perfección. Contundentes. Llenos de vida, de sensibilidad. Dibujos que complementan cada chilindrina de forma perfecta, el puzzle encaja. Dan ganas de quedar con ella y estamparle dos besos: mua y mua.

Dan ganas de coger la pluma y ponerse a escribir: “Cuando espantamos las palomas, nieva al revés”, página 96.

No pierdan el tiempo y háganse con esta joyita que no debe faltar en ninguna de nuestras bibliotecas. Y si su librero se encoge de hombros, insista, persista y no salga de la librería sin esta maravillita. ¡Por Dios, no lo haga!

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