Centenario de Bruno Munari

Es el 24 de octubre 1907. En Milán, gran ciudad del norte Italia, nace un niño, Bruno. Un día el padre de Bruno decide que ha llegado el momento de irse a otra ciudad y Bruno llega a Badia Polesine. La familia de Bruno se dedica a la hostelería, y vive en una casa en el campo. Bruno tiene muchos amigos: la rana Romilda, el gato Meo, caperucita roja, pero echa de menos a Milán y decide volver. Le gusta el arte, dibujar, la fotografía y la gráfica, y decide que esa será su profesión.

Y así fue, para nuestra suerte, ya que hemos podido conocer a la Rana Romilda, al Gato Meo y a las caperucitas de todos los colores. Hace 100 años nacía Bruno Munari, cuyo homenaje en la pasada Feria del libro de Bologna testimonia la profunda influencia en el mundo de la edición.

Su actividad empieza en la década de los 30 con colaboraciones con los futuristas, pero el verdadero debut se sitúa en los años 45 y 46 cuando realiza la serie de los álbumes con el título Munari. I Libri, publicados por Mondadori. No son los clásicos libros ilustrados. Son libros que (¡por fin!) utilizan los recursos artísticos de las vanguardias, de la fotografía, para hablar a los pequeños. Se abren ventanas, se reducen las páginas, entramos y salimos de los cajones de Il prestigiatore verde (El presdigitador verde).

Desde el comienzo de su carrera como artista lucha contra quien le acusa de ser infantil. Por otra parte, él rechaza con fuerza a aquellos que, como el futurista Marinetti, se toman demasiado en serio. Se pregunta Munari: «¿Jugar con el arte? ¿Pero, entenderán? ¿Tan pequeños, entenderán qué es el arte? Entender qué es el arte es una preocupación (inútil) del adulto. Entender cómo se hace para realizarlo es, en cambio, un interés auténtico del niño». Munari es como un niño: absorbe todo lo que puede, sin rechazar ninguna posibilidad lingüística o imaginativa. Su objetivo: la ironía, la comunicación, el desarrollo y la investigación de la percepción como fenómeno complejo que es. Y que se trate de revistas de vanguardia, de manifiestos artísticos o libros infantiles no importa. Eso explica la imposibilidad, para quien lo estudia, de enmarcar su trayectoria dentro de un único movimiento artístico. En su largo camino toca el futurismo, del cual absorbe sobre todo el interés por los nuevos materiales y el interés por el estudio de la percepción; pero su contacto con el surrealismo, con Dadá, Abstraction-Création y la Metafísica dejan también sus huellas en él; también la fotografía y la experiencia de la Bauhaus, el cine de animación y, finalmente, el teatro. Abriendo sus Libri se ve todo esto y mucho más.

Cuando, en los años 50, Munari entra en el Movimento Arte Concreta (MAC), su reflexión sobre el libro se amplia, se hace más compleja. Nacen los Libri illeggibili (Libros ilegibles), curioso nombre que define libros de arte realizados con papeles de diferentes tipos, colores, formas, recortados, agujereados, con hilos que los atraviesan, que forman nudos en la página, que crean formas. Aquí está la auténtica esencia del trabajo de Munari, la investigación sobre qué es la lectura: un proceso en que se utilizan tacto, vista, oído, olfato, imaginación, lógica. Los libros para grandes son como los libros para niños, basados en el descubrimiento, los colores que interactúan, las ventanas que se abren de una página a la otra. Como en un juego, Munari monta y desmonta el álbum. Ya no hay ni rastro de palabra, ni texto, ni figuras, sólo cartulinas, papel vegetal, hilos. Así nace en 1956 una de las obras maestra de literatura infantil: Nella notte buia (En la noche oscura), publicado también en inglés con el título In the darkness of the night, protagonizado por un gato, un punto amarillo y unos papeles transparentes como el agua, que forman un río subterráneo del que emergen peces verdes. Cada página aporta algo nuevo e insperado, porque «el conocimiento es como una sorpresa: si uno ve lo que ya sabe, no hay sorpresa».

En los 80 Munari realiza los Prelibri (literalmente Prelibros, publicados hoy por Corraini Edizioni), libritos en formato pequeño para niños y grandes que afirman, otra vez, que no se leen sólo las palabras escritas. Un álbum puede no tener texto, puede ser un espacio de creación e imaginación total, como sucede en La favola delle favole (La fábula de las fábulas, Edizioni Corraini, 1994) que es un álbum de cartas coloristas, donde los niños pueden hacer lo que quieran: y como dice el texto de la portada, «no existen dos copias iguales de este libro», realizado «por Bruno Munari y… los niños».

Munari ha enseñado a generaciones de niños de todo el mundo que leer es una actividad compleja, que se hace con los ojos, las manos, la nariz, la razón y, antes y sobre todo, con la fantasía. No se ha limitado a estudiar el libro, sino que ha dedicado toda su vida a la búsqueda de un verdadero método de conocimiento aplicable a todos los campos. Sus reflexiones han influenciado la historia del diseño industrial, de la gráfica y de la pintura, de la pedagogía y de la museología, con la creación de esos laboratorios que cada año imparten sus colaboradores. En Japón y Francia Munari constituye, hoy en día, uno de los referentes para los jóvenes diseñadores experimentales. Nunca se dejaron de imprimir y vender sus libros, que han llegado a EEUU directamente a las salas del MOMA de Nueva York en varias ocasiones. Curiosamente en España han llegado sólo sus obras de diseño industrial y la serie de Caperucita, publicada hace algunos años por Anaya y la editorial Barcanova; un vacío que, esperemos, se pueda colmar lo antes posible.

No se trata simplemente de rendir homenaje a Munari como ilustrador y escritor de cuentos: se trata de agradecerle la reflexión sobre qué es un álbum, qué es el libro, y cómo leemos. Con motivo de la celebración de este centenario Corraini, la Asociación Bruno Munari, la Pinacoteca de Brera y la Triennale de Milán ofrecen un programa lleno de actividades, laboratorios, exposiciones, itinerarios y conferencias que el hijo de Bruno, Alberto, ha organizado personalmente.

A través de esos libros inolvidables, Munari nos recuerda, a tantos años de distancia, que no estamos hablando de cosas de niños, infantiles y sin importancia, sino de arte en su sentido más amplio, complejo, y comprometido.

3 comentarios en “Centenario de Bruno Munari

  1. Alfonso Cevallos Romero
    01/07/2009 a las 19:41

    Mi maestro.

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