Breve crónica de la FIL de Frankfurt 2010

Ha sido esta una edición algo particular de la feria del libro más importante que se celebra en la actualidad. Por un lado, el hecho de que el país invitado fuera Argentina ha permitido dar mayor visibilidad a los autores y editoriales de este país. Por otro, aunque se preveía que esta sí iba a ser por fin la feria del libro electrónico, la cosa no ha sido para tanto, o al menos no era tan visible como se esperaba. Algunas editoriales, sobre todo anglosajonas, mostraban orgullosas sus catálogos para iPad en pantallas gigantes, y pequeños sellos especializados ofrecían servicios digitales o dispositivos de lectura, pero al menos en el mundo de la LIJ las cosas no han dado aún un salto cualitativo.

En el pabellón de la feria dedicado a Argentina se podía disfrutar de una exposición que, si bien ofrecía un recibimiento demasiado gubernamental (en la forma de un gran panel de fotografías con una sola protagonista), ofrecía la posibilidad de contemplar primeras ediciones de los autores argentinos más universales, y de los dibujos originales de ilustradores igualmente importantes (aunque menos universales que José Hernández, Borges, Cortázar o Bioy Casares). Estos mismos dibujos se podían ver reproducidos en algunas ediciones actuales, entre las cuales se contaban varias de Libros del Zorro Rojo, una editorial española con sede en Barcelona, pero con un gran componente transatlántico.

Grandes paneles informativos mostraban además fotografías de momentos importantes de la historia argentina, como los nietos recuperados, los periodistas desaparecidos durante la dictadura… y también, cómo no, de lugares de interés cultural y turístico. Como curiosidad, en el pabellón del libro antiguo, situado en el patio central, se podía disfrutar de una serie de manuscritos de Borges, algunos de ellos relatos con algunos tachones, y otros cartas a amigos y compañeros de oficio.

En lo que respecta a la LIJ a nivel internacional, como siempre, una gran diferencia entre el pabellón anglosajón y el resto de expositores. En los stands francófonos se podían encontrar álbumes muy interesantes en L’Ecole des Loisirs, La Joie de Lire, Thierry Magnier o Seuil Jeunesse, por citar algunos. En este último destaca la gran presencia de Benjamin Lacombe, con varios de sus álbumes, además de Il ‘etait une fois, el pop-up cuyo vídeo anduvo circulando en internet las últimas semanas. En Alemania también se podían ver cosas interesantes (Hanser Verlag con sus álbumes de Peter Schossow, Jutta Bauer firmando ejemplares de Selma, Gerstenberg mostrando con orgullo los libros de las estaciones de Rotraut Susanne Berner…), aunque el peso de la novela infantil y juvenil más comercial era comparativamente mayor, aunque no tanto como en los expositores anglosajones.

En los stand españoles y latinoamericanos, algunas pequeñas editoriales especializadas en álbum viajaron hasta Frankfurt para mostrar sus catálogos, como Thule, Libros del Zorro Rojo, Faktoría K… En el stand de México llamaban especialmente la atención algunos álbumes de CIDCLI. Y en el de Argentina uno se podía encontrar a María Teresa Andruetto o Ana María Shua charlando en el pequeño fórum que se organizaba diariamente.

En resumen, una feria que muchos argentinos recordarán, que Carmen Balcells recordará por motivos muy distintos, y en la que, por lo que se comenta, aún no ha aparecido el nuevo Harry Potter (o si ha aparecido, aún anda perdido en alguna estantería a la espera de eclosionar). Eso sí, el ver a tanta gente, profesionales y público en general, abarrotando los pasillos de algunos pabellones (en especial el alemán, no nos engañemos) y buscando sus libros y autores favoritos, es agradable en estos tiempos de apocalipsis tecnológico.

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