Boca cerrada. El poder de los cuentos

Gigi Bigot y Pépito Matéo
Ilustraciones de Stéphane Girel
Traducción de P. Rozarena
Edelvives. Madrid, 2002.

Cuando las abuelas contaban cuentos y los abuelos todo tipo de sucedidos y aventuras, sus historias estaban exentas de moralejas directas: la lección estaba contenida ya en el relato y el niño sabía que el lobo era peligroso porque se comía a las ovejas y a los pastores y la niña que encima de peligroso se tragaba a las abuelas, algo que tenía su humor negro o rojo (depende del vestido de la anciana). Los escritores y fabulistas que antaño llevaron al papel tantos cuentos e historias fueron los que explicitaron las moralejas, cada vez con más ganas de ejemplificar virtudes; Perrault fue un aprendiz de moralinas comparado con los germanos Grimm y estos unos liberales comparados con toda una serie de padres eclesiásticos y nobles de todo tipo de sesos (no es errata) metidos a escribidores. Y toda esta introducción ¿para qué? Para decir que un precioso álbum con todos los ingredientes para gustar y ser disfrutado “a partir de los cuatro años” tiene un pequeño pecado de moralina, moraleja y otras morerias.

Boca cerrada es un relato encadenado en el que un niño de un país árabe no muy lejano deja de hablar. Su problema va de boca en boca pasando a través de un gato, una casa, las flores de un jardín, un camino en medio del campo, el sol, la noche y una estrella salvadora que le lleva un mensaje: los cuentos “hacen nacer sueños y recobrar la ilusión a los niños”. Tamaño descubrimiento onírico le hace volver a hablar y con ello reviven el gato, la casa, el jardín, los trabajadores del camino, el sol y las estrellas. Una buena idea de partida, utilizar estructuras tradicionales, es rellenada de frases y argumentaciones que se alejan del pretendido destinatario y que llevan a una historia con intenciones poéticas a ese final desangelado (sin ángel): la explicitación narrativa del objetivo del relato, algo que también se hace en el subtítulo del libro. Una historia, incluso como ejemplo de valores, tiene sentido por sí misma y no necesita de orientaciones y manipulaciones tan claras, por mucho que sean para un buen fin, pues los derechos del libro están destinados a una asociación internacional para la “estimación de los artistas argelinos en el mundo”.

Destacar las espléndidas ilustraciones del álbum donde se hace un derroche de calidez: colores cálidos, detalles cálidos, expresiones cálidas. Realizadas a doble página y con técnica mixta resaltan la ambientación árabe de paisajes, pueblos y personajes. Son escenas con fuerza, donde se siente el sol, la noche o la alegría final.

Textos e ilustraciones acaban componiendo un álbum desigual que no está muy pensado para los pretendidos destinatarios (y si no, inténtese contar el libro a un niño o niña de cuatro-cinco años).

2 comentarios en “Boca cerrada. El poder de los cuentos

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