Auliya

Verónica Murguía
Madrid: Ediciones SM, Col. Gran Angular, 2003

Abro el libro y en lugar de prólogo encuentro una carta de Carlos Fuentes. La leo. Me atrapa. ¿Qué puede haber en estas páginas que provoquen una carta que habla de narraciones que dialogan entre sí, la recuperación de mundos olvidados, de voces múltiples de la literatura, de respetar la imaginación del lector y recuperar los propios poderes olvidados?

¿Es acaso otro de esos libros de magia como los que llenan las estanterías de todas las librerías que conozco? Algo me dice que no, sin embargo me deslizo con precaución hacia la primera página, la segunda, la tercera… leo y descubro que:

Auliya nació mujer, coja y pastora. Su aldea tiene apenas una veintena de casas donde un puñado de nómadas del desierto intentan sobrevivir. Allí la hierba es escasa y la gente, supersticiosa y analfabeta. Auliya es una niña extraña, solitaria y despreciada que sabe escuchar y observar. De tanto hacerlo aprende el lenguaje del desierto, el nombre de las constelaciones, a mover la mano derecha como el aguijón del escorpión. Aprende que el mundo tiene un alma y que el Alma del Mundo es generosa, que cuenta y encanta.

Abú al-Jakum nació rico, creció solitario y sobreprotegido. Aprendió el Corán con un gran maestro. Y desde que conoció los poemas de los grandes héroes del desierto, no deja de leer. Su ciudad es bella, exótica y segura. Pero lo deja todo para ir en busca del mar.

Cuando Auliya y Abú al- Jakum se encuentran nace el amor, despiertan los corazones y se pierden las fronteras. A partir de ese momento las aventuras se suceden. El amor, la muerte, la vida después de la vida, la duda, la magia y el encanto de una civilización milenaria nos envuelve en sus sedas y miserias, hasta dejarnos embelesados y satisfechos a orillas del mar.

Auliya es una novela fantástica de una calidad literaria exquisita. Un canto al amor y a la lucha por sobrevivir. Una historia donde se rescata el misterio de la feminidad, su fuerza y poderío. Es un viaje iniciático, un camino hacia la libertad.

Verónica Murguía nos seduce con un pacto tácito desde las primeras frases. Ella dice en silencio: créete lo que te estoy contando porque así ha sucedido, y durante todo el desarrollo de esta historia fascinante y emotiva, no deja un solo instante de sorprendernos.

La historia fluye por cursos vistos y no vistos, igual que el agua, a veces ágil, otras contemplativa o turbulentas.

Hay dos historias en este libro, la que está escrita y la que se deduce entre líneas. Ambas capaces de mover los cimientos de una sociedad que ya no cree que para convertirse en alquimista, sólo haga falta saber tres cosas: escuchar, observar y confiar en nosotros mismos.

Auliya es literatura, juego, provocación, encuentro y reflexión. Una lectura para gozar y despertar.

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