Análisis de narrativas infantiles y juveniles

Gemma Lluch
Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2003

El texto que presenta Gemma Lluch tiene como objetivo exponer claves que faciliten el análisis de la literatura infantil y juvenil. Está estructurado en dos partes. En la primera parte desarrolla la descripción de un modelo teórico de análisis de narraciones infantiles y juveniles; y en la segunda describe una aplicación práctica de ese modelo a diferentes obras concretas (La Cenicienta, La vuelta al mundo en ochenta días, La maravillosa medicina de Jorge, El misterioso influjo de la barquillera…). Esta doble perspectiva —reflexión teórica, aplicación práctica—, le permite mostrar a la autora la posibilidad real de valorar las narraciones infantiles y juveniles con procedimientos semejantes a los utilizados en otro tipo de obras literarias.

Antes de introducirse en la descripción del método, Lluch propone una definición de literatura infantil como punto de partida necesario: sería, por un lado, la comunicación literaria que se establece entre un escritor adulto y un lector infantil; por otro, la literatura que, además de proponer un entretenimiento artístico al lector, busca crear competencias (lingüísticas, narrativas, literarias, ideológicas…); una tercera acepción estaría relacionada con la perspectiva editorial: todo aquello que se publica en colecciones infantiles y juveniles (lo que decide el editor y el comprador).

Una vez aclarada la conceptualización , la autora estructura el modelo de análisis en tres grandes apartados: análisis pragmático, análisis de los paratextos y análisis de la narración.

El análisis pragmático incluye varios elementos: desde la contextualización de la narración (conocer datos históricos, políticos y sociales sobre el momento en el que se creó la obra como elemento necesario para interpretar su sentido), hasta la ideología (toda obra literaria transmite alguna ideología; y, con más razón, si va destinada a niños y jóvenes, a los que se puede pretender “instruir” a través de ella; motivo por el cual la ideología puede resultar mucho más explícita e intencionada en la narrativa infantil y juvenil que en otras obras literarias); pasando por la comunicación que se puede establecer entre un autor adulto y un lector niño (mediatizada por la relación social que históricamente ambos mantienen). En este aspecto de la comunicación resulta interesante la aportación de la autora al señalar la importancia que en ese proceso adquieren los mediadores (institucionales, editoriales o educativos), ya que son los que pueden influir en los autores (proponiendo líneas de creación) y en los receptores (con recomendaciones, orientaciones y sugerencias).

El segundo componente del análisis que expone Lluch lo constituyen los paratextos: aquellos elementos que ayudan al lector a introducirse en la lectura al facilitar las “primeras instrucciones” sobre el contenido del libro (catálogos editoriales, reseñas literarias, portadas, ilustraciones, guías de lectura, formato, indicadores de edad, tipografía). Resultan especialmente importantes en la literatura infantil y juvenil por la influencia que ejercen al decidir las lecturas, siendo estos elementos los que en muchas ocasiones “atrapan” al lector.

El tercer nivel es el análisis de la narración propiamente dicha; es el desarrollado de manera más pormenorizada, siguiendo por otro lado las pautas del análisis literario que suele realizarse en las obras dirigidas a lectores adultos. La autora va exponiendo en este capítulo los distintos elementos que componen la narración, a la vez que va haciendo propuestas de pautas de análisis de cada uno de esos elementos.

Así, en la estructura de la narración, indica el prototipo más frecuente en la narrativa infantil: esquema formado por cinco secuencias que organiza los hechos cronológicamente; en este apartado llama la atención sobre el hecho de que la mayoría de las narraciones infantiles tienden a identificar al protagonista con el lector del libro, lo que condiciona el desarrollo de algunas secuencias (sobre todo en los finales) donde los autores recurren a que el protagonista resulte coherente con la realidad extraliteraria. Lluch ilustra, con variados ejemplos de títulos conocidos, las distintas posibilidades de estructura narrativa , estructuras casi todas ellas secuenciales en el sentido cronológico (hace una llamada a recordar que la literatura infantil es una narración de hechos, no de ideas ni de reflexiones, de ahí que se den pocas secuencias descriptivas).

Otro de los elementos importantes en el análisis de la narración es el referido al tiempo narrativo. La percepción del tiempo en los lectores infantiles tiene unas peculiaridades que es necesario subrayar: el tiempo para los niños “depende de las propias acciones y no es continuo ni constante” (p.52), por supuesto esto se da de manera distinta en las diferentes etapas o edades.

El narrador constituye uno de los elementos de análisis que más puede influir en el lector; es necesario detenerse en el modo narrativo y la voz: valorar la cantidad de información que tiene el narrador y el punto de vista que adopta para contarla. También el narrador desempeña un papel importante a nivel ideológico, ya que puede influir en el lector al orientar las simpatías o antipatías hacia determinado personaje, actitudes o puntos de vista.

Así mismo resulta imprescindible el análisis de los personajes, el espacio, la época y los mundos posibles. Los personajes y su caracterización pueden responder a distintas configuraciones que pueden hacer variar la percepción de los lectores; el espacio y el tiempo constituyen las coordenadas donde se suceden y se relacionan las acciones y los personajes: no obstante pueden tener por sí mismos carácter protagonista; la época suele quedar constatada sobre todo en los paratextos; y los mundos posibles hace referencia a valorar si la narración se desarrolla en el mundo real o ficticio (dentro de este puede ser ficción verosímil o ficción no verosímil); sobre todo este último elemento marca la diferencia entre realidad y fantasía y es el que tiene uno de los mayores pesos en la narración.

La autora añade también otro elemento objeto de análisis: las relaciones entre los textos y la necesaria competencia en el lector para que esto pueda tener significado (señala como condición para una lectura adecuada el que el lector cuente con competencias genéricas, lingüísticas, literarias e intertextuales).

Por último, y dentro de este apartado teórico, señala la necesidad de detenerse en el análisis lingüístico sin dejar de tener presente que la literatura infantil narra sobre todo hechos y no suele relatar pensamientos o sentimientos; ello conlleva la utilización del discurso directo, que permite contar con rapidez e imitar el lenguaje propio de los niños.
Pero la aportación con más peso en este texto aparece en la segunda parte, con la aplicación práctica de los niveles de análisis presentados en la primera parte; esta práctica la expone la autora a través del análisis de varios tipos de narraciones, cada una de ellas representativa de un modelo distinto de relato para niños: de procedencia oral, de carácter más literario, televisivas y cinematográficas.

En algunos casos el análisis de la obra concreta lo conduce de manera más global o focalizándolo en alguno de los niveles de análisis o valoración que propone en la primera parte; así ocurre con el capítulo dedicado a La Cenicienta, en el que plantea una valoración desde el origen oral de la narración y sus distintas plasmaciones en otras tantas versiones escritas en distintas épocas y por distintos autores; y cómo estas plasmaciones suponen sucesivas reescrituras contextualizadas en cada época y que fijan determinados elementos y eliminan o minimizan otros; resulta muy ilustrativo para ver los elementos comunes, o mejor, para comprobar la versión que ha quedado más “protagonista” de todas ellas, el cuadro comparativo de 9 versiones distintas (5 clásicas y 4 más actuales) y la constatación de que la versión de Perrault edulcorada por Disney es la que se impone, debido fundamentalmente a su simplificación y banalización que la hacen socialmente accesible, pero que provoca una pérdida de la riqueza simbólica de la narración oral original.

En otros casos, la autora expone un análisis más detallado conforme al esquema trazado en la parte teórica (análisis pragmático, de los paratextos y de la narración); así sucede con los capítulos dedicados a las obras Struwwelpeter (Pedro Melenas), La vuelta al mundo en ochenta días, La maravillosa medicina de Jorge o El misterioso influjo de la barquillera; pero, a su vez, en cada una de las obras resalta algún elemento que las convierte en “modelos de narración”: Struwwelpeter como narración “psicoliteraria”, en el sentido de que intenta transmitir determinados valores y hábitos de conducta pero por la vía del humor y con grandes dosis de ironía; por su parte, La vuelta al mundo en ochenta días como narración heredera directa de la tradición oral, de carácter popular y que busca la fidelidad de sus lectores, muestra de manera explícita cómo la ideología está presente en cualquier narración: aquí la mirada que prevalece es la de un europeo, la de un inglés, y la valoración que el personaje realiza es desde su mentalidad; pero todavía es más representativa la función ideológica del narrador en La maravillosa medicina de Jorge, en la que su autor, Roald Dahl, se aleja de lo considerado “políticamente correcto” y presenta personajes que transgreden lo socialmente aceptado y cuyas conductas suponen un ataque a las normas sociales; no obstante, Dahl es uno de los autores con más reconocimiento no sólo entre los lectores infantiles y juveniles sino también entre los mediadores. En otro sentido, el análisis de El misterioso influjo de la barquillera, señala esta obra como modelo de narración literaria: no sólo narra hechos, sino también sentimientos y sensaciones; describe personajes con muchos matices; desarrolla dos planos narrativos y tiene una estructura lingüística compleja, además de presentar numerosas relaciones intertextuales.

La parte práctica de la obra se completa con el análisis de tres tipos de narraciones heterogéneas; por un lado las narraciones televisivas: la estructura de las series televisivas está cercana a la estructura narrativa literaria pero con una simplificación, con una reiteración de situaciones y con personajes arquetípicos que facilitan la identificación de los niños; este esquema se reproduce en la serie de libros Pesadillas; y también está presente en otra narración prototípica: Manolito Gafotas. La construcción de esta narración y del personaje responde a esquemas televisivos: fragmentación, registro oral de los personajes, repetición; pero es que, además, todo ello es reflejo de la presencia constante de la televisión en la propia narración, como referente de los personajes.

Por último, Lluch analiza un ejemplo de narración cinematográfica La Guerra de las Galaxias, saga formada por seis películas que desarrollan un mismo esquema narrativo que las obras literarias, tanto en su estructura como en los personajes que presentan o en el desarrollo de los acontecimientos; pero en esta narración hay algo más: se crea una “cultura global y una cultura comercial, en el sentido que nace para ser consumida por el máximo de públicos posibles”; esta es una característica añadida a la narración y que la convierte en “narración de consumo”.

Nos encontramos ante una obra cuyo planteamiento y estructura resultan coherentes; sin embargo, en algunos capítulos o apartados se deja sentir ese carácter de suma de artículos diversos publicados en distintos momentos y medios; así se perciben algunas reiteraciones en diferentes capítulos (referencias obligadas cuando fueron publicados por separado) o cambios con poca continuidad entre un capítulo y el siguiente (aunque resulte coherente la temática, pero se echa en falta un breve enlace entre unos y otros). En cualquier caso estos aspectos no restan en absoluto calidad a una obra que supone una aportación muy clara y práctica de cómo mirar y valorar las narraciones infantiles y juveniles. Puede resultar una estupenda guía para mediadores a la hora de orientar y aconsejar las lecturas infantiles con un criterio más elaborado.

6 comentarios en “Análisis de narrativas infantiles y juveniles

  1. luz maria
    03/03/2012 a las 23:19

    Muy agradecida desde Ecuador, a este material, realmente fue lo que estaba buscando desde hace muchos días, Dios les bendiga, quiza pueda comprar el libro de Gemma.

  2. Tania León Pérez
    02/11/2010 a las 19:01

    Hola Inmaculada:
    Mi nombre es Tania y soy cubana.
    Cómo decir una opinión acerca de este artículo suyo que por sí solo es una muestra de promoción a la lectura por excelencia. La verdad que se alcanza mucha experiencia y es que su texto me ha dejado con muchos deseos de tener en mis manos el de Gemma Lluch, además es usted misma muy profunda en la lectura que hizo y la síntesis supongo para hacernos llegar la idea central con crítica constructiva agregada, felicidades si su propósito era el de despertar tanto nuestro interés, lo ha logrado con creces la verdad que debían existir muchos espacios como este que le señalaran a uno el camino.
    Tal vez alguna vez me haga del texto de Gemma y de seguro también la recordaré a usted.
    Miles de gracias y gracias a Babar por darnos la oportunidad de acercarnos unos a otros.
    Tania

  3. SANDY DIAZ
    08/08/2009 a las 13:14

    ME PARESE MUY INTERESANTE Y AYUDA DE MUCHO

  4. jhaquelin
    22/03/2009 a las 16:11

    El texto fue maravilloso para mi y por favor sigue adelante te felicito.

  5. Rosa
    23/02/2009 a las 19:32

    Me resultó buen material la reseña del artículo sobre herramientas metodológicas para analizar obras literarias infentiles. Muchas gracias y adelante!

  6. tanya
    24/11/2008 a las 08:01

    gracias de verdad me sirvio de mucho.

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